¿Pelea de compadres?

Julio 14, 2012 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

En un debate radial el senador Jorge Robledo desestimó el alcance ideológico del nuevo proyecto uribista. Para él todo se reduce a una pelea de compadres toda vez que Santos y Uribe representan un mismo proyecto. Lo que está en juego, de acuerdo a su argumentación, es quién va a controlar el poder político. Si se considera sólo como diferencias significativas, cambios en la naturaleza de la propiedad de los medios económicos o del alcance de la intervención del Estado sobre la sociedad, el argumento de Robledo tiene sentido.Sin embargo, estas diferencias ideológicas hacen parte de la dicotomía ideológica de la guerra fría entre sociedades capitalistas y comunistas. Por el contrario, al interior de las democracias, y en la coyuntura actual de la historia de Colombia, lo que representan Uribe y Santos son proyectos casi que antagónicos. Está en discusión ni más ni menos que la estrategia de guerra, el papel de la sociedad civil en el Estado, la inclusión de sectores que han sido severamente afectados por el conflicto, el modelo de producción y de demografía rural y, quizá lo más importante, las relaciones de poder entre Bogotá y las regiones.Uribe representa la línea dura en ese orden de ideas -mayor presión militar en las zonas de frontera agraria, relajación en el tema de derechos humanos, defensa de los intereses de las elites rurales y regionales, etc. Mientras que Santos representa la línea blanda -preocupación por los derechos humanos, reparación de sectores excluidos, primacía de la tecnocracia bogotana, etc. Son diferencias significativas puesto que las trayectorias de la sociedad colombiana van a ser muy distintas bajo la conducción de uno u otro proyecto. Y no necesariamente quiere decir que Santos represente la modernidad y Uribe la premodernidad. El reciente deterioro de la seguridad en el orden local es sólo una muestra de cómo las intenciones modernizadoras se van al traste si no existe una autoridad efectiva que la imponga. En lo que sí tiene razón Robledo al referirse a una pelea de compadres es en las formas. Tanto Uribe como Santos han sido incapaces de construir algún tipo de institucionalidad que soporte en el largo plazo sus proyectos. A pesar de representar los dos sectores mayoritarios de las preferencias ideológicas de la población, ninguno cuenta con un Partido o colectividad política creíble. Su capacidad de comprometer y disciplinar a la clase política del país es volátil, sujeta a coyunturas y dependiente de la chequera del Estado o del endoso de votos de una figura carismática.En el caso de Uribe la incapacidad de construir un Partido se debe a sus ambiciones personales de poder que no resisten ninguna figura a su lado. La declaración de José Obdulio que quien aspire a la Presidencia por el movimiento debe ser humilde y subordinado a Uribe es patética. En el caso de Santos la cuestión va más por los lados de su incapacidad para manejar a la clase política. La reforma a la Justicia es sólo la demostración de lo pusilánime e incompetente que es en esa tarea.Mientras tanto la continuidad en el plano regional de una lucha política basada en el ejercicio privado de la violencia, las rentas del narcotráfico y la captura de los recursos públicos está más que garantizada al no existir ningún tipo de liderazgo que discipline a los políticos profesionales.

VER COMENTARIOS
Columnistas