Paz pendiente

Noviembre 10, 2012 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

En una emisión de Hora 20 Francisco Santos respondió las inquietudes sobre una grabación en que tres jefes paramilitares lo mencionaban al preparar sus versiones judiciales. El asunto no es nuevo. Ya Mancuso había declarado que se había reunido con Santos y que hablaron sobre la formación del Bloque Capital. También había declarado que en una fiesta en Valledupar los anfitriones, la familia Araujo, lo habían contactado con Jorge 40 y con él.Aunque sería exagerado situar a Santos como un actor activo en la organización del paramilitarismo no creo que sus actuaciones deban desestimarse. No tanto por sus implicaciones jurídicas sino por sus implicaciones políticas, en particular en lo relativo al cierre del proceso de paz con las Autodefensas. La construcción de la verdad es un asunto prioritario para evitar que se mantengan las relaciones entre la mafia y la clase política que dirige el país en todos los niveles, local y nacional.Muchos han encontrado las grabaciones escandalosas pero han pasado por alto que lo normal es que los procesados preparen sus versiones y que no hay motivos para pensar que los implicados estén fabricando mentiras. Mi lectura de las grabaciones es que Santos simplemente mostró simpatías por el surgimiento de las AUC ante la arremetida de la guerrilla pero sin comprometerse en serio con los aspectos logísticos de llevarlos a Bogotá. Sin embargo, su actitud simboliza la posición que asumieron las élites nacionales que no estaban en la primera línea de choque de la guerra: mientras que contuvieran a la insurgencia no importaba ni la violencia ni el vínculo con el narcotráfico.En lo local la cosa era más complicada. El surgimiento del paramilitarismo significaba el involucramiento de toda la sociedad en una serie de transformaciones que rebasaron la pura lucha contrainsurgente. Surgieron nuevas relaciones económicas, políticas, sociales y hasta culturales. Y la población en su conjunto debió ajustarse a una situación que involucraban violencia y tráfico de drogas. Santos como periodista y como invitado de los Araujo debía saber muy bien de qué se trataba el asunto y no hizo mayor cosa en su momento. De hecho, ingresó a la Vicepresidencia conociendo el soporte político de Uribe en las regiones. Por eso sus palabras fueron tan cínicas cuando advirtió la inminencia de la parapolítica y quizá por eso Uribe le replicó relatando como había ‘lagarteado’ el puesto de Vicepresidente.Con la extradición de los paramilitares estas transformaciones no pararon. Simplemente tomaron otra trayectoria con las Bacrim y el relevo de la clase política que acabó en prisión. No se realizó en el proceso de Ralito un reconocimiento a fondo de las relaciones entre poder legal e ilegal y, por consiguiente, mucho menos surgió un compromiso por cambiar la institucionalidad política para evitar que estas relaciones se reprodujeran.Acabar el proceso con las Autodefensas es un imperativo en ese sentido. Ya es hora que los paramilitares extraditados terminen de entregar su versión y que la propia clase política admita sus vinculaciones sin que por ello se vean abocados a penas prohibitivas. Es un primer paso para evitar la repetición de lo sucedido tal como ya viene sucediendo. El país puede soportar más perdón, de hecho para que se materialice el proceso con las Farc necesitará bastante perdón, pero no tanta ausencia de verdad.

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