Partido en dos

Partido en dos

Diciembre 24, 2016 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

El 2016 nos deja un país sin Farc pero partido en dos. Ojalá fuera solo una polarización sobre las formas de concebir una visión de futuro de la sociedad, algo normal en la política de cualquier país en determinadas coyunturas. La polarización que nos deja el 2016 es una fractura peligrosa entre dos sectores de la clase política que están al borde de no reconocerse como adversarios legítimos.El proceso de paz suponía desde el inicio una serie de concesiones a la izquierda que, como era de esperarse, iban a tener una fuerte reacción de la oposición a Santos desde la derecha. La contracara del proceso de paz en la Habana era entonces el pulso político entre Santos y Uribe en Colombia en torno a lo que era admisible como concesiones.Se suponía también que si había acuerdo en La Habana en algún momento Santos y Uribe iban a llegar a llegar a algún tipo de acuerdo, de modo que la negociación de paz tuviera acogida por la mayor parte de las fuerzas del espectro político. Pero, por alguna razón, Santos decidió que no iba a tranzar con el uribismo y que podía imponer los acuerdos a través de mayorías electorales tanto en el plebiscito como en las elecciones del 2018.Si la apuesta salía bien, al menos hasta el plebiscito, Santos iba a entregar un país con las Farc desmovilizadas dentro de una ruta legítima de adaptación a la vida institucional. No importaba incluso que su candidato perdiera las presidenciales en el 2018, la normalización de la vida política iba a estar asegurada por los resultados del plebiscito.Entonces vino el desastre. Con la derrota en el plebiscito Uribe no solo tiene cómo reclamar una renegociación de lo acordado sino que tiene el respaldo popular para pasar una cuenta de cobro que va más allá de un cambio en la orientación ideológica del gobierno. Podría eventualmente dejarse llevar por los radicales de su coalición política y por la posición extremistas de muchos sectores de opinión para castigar con decisiones institucionales a sus adversarios.Replantear las concesiones a las Farc sería solo la cuota inicial. Luego podrían venir cambios en las reglas de juego y presiones contra la clase política y la sociedad civil que estén en la oposición. Las causas de este riesgo no pueden reducirse a posiciones sectarias y a la propensión autoritaria que pueda haber en el uribismo. Sería caer en el análisis más miope.La raíz del problema tiene que buscarse en el enfrentamiento que ocurrió entre Uribe y la Corte Suprema hace una década. Desde entonces un sector de la justicia se ha empecinado en llevar a los tribunales a la menor oportunidad a cualquier figura del uribismo. Por supuesto, el lenguaje pugnaz de Uribe y su intención de perpetuarse en el poder no contribuyeron a solucionar la situación.Sin embargo, el antiuribismo no se queda atrás. La propuesta de ‘Timochenko’ en el Teatro Colón de un gobierno de transición no va a ser recogida públicamente por ningún candidato santista, sería un suicidio ir a las elecciones junto a las Farc. No obstante, de ganar la presidencia la lógica sería la misma planteada por ‘Timochenko’: continuar las alianzas con los sectores de la sociedad civil y de la justicia que mantienen la presión judicial sobre el uribismo.Quien quiera unir al país deberá empezar por tender puentes ente uribistas y antiuribistas para romper con la lógica de utilizar el gobierno para retaliar al adversario.Sigue en Twitter @gusduncan

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