¿Otra oportunidad perdida?

Agosto 02, 2014 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

Sería desastroso que se perdiera otra oportunidad de paz con las Farc. Nunca antes se había llegado tan lejos en la construcción de una agenda factible de acuerdo. Y, pese a la resistencia de muchos sectores contra eventuales indultos y concesiones, en el largo plazo el fin de las Farc traería beneficios incontrovertibles.Por eso es importante superar la coyuntura crítica por la que atraviesa el proceso. Coyuntura que entre otras razones se debe a la dinámica propia de una negociación en medio de la guerra. Cada una de las partes pretende llegar al final de las negociaciones con la mayor ventaja militar posible pero sin llevar a cabo actos de guerra que obliguen a la contraparte a abandonar el proceso.El problema de fondo es que la legitimidad de las Farc es tan pobre que cualquier acto de guerra se vuelve una presión enorme para que el gobierno se pare de la mesa. El grueso de la población, incluyendo a los sectores más desfavorecidos, siente un profundo rechazo a sus pretensiones políticas. Es un rechazo que tiene sus fundamentos. Es prácticamente nulo lo que la población ha obtenido de las Farc, ni mejoras de sus condiciones materiales ni reivindicaciones políticas a cambio de una situación de grave inseguridad.Adicionalmente las opciones militares de las Farc están limitadas en su mayor parte a actos terroristas que deslegitiman aún más su inserción en la legalidad. Las acciones que llevaron a Santos a exigir a las Farc un cese de los ataques terroristas para evitar el fin del proceso fueron todas contra objetivos civiles. La voladura de la infraestructura petrolera y eléctrica y los asesinatos de las dos niñas por ningún lado son iniciativas que conlleven una ventaja militar apreciable. Solo tienen sentido como un medio de presión político.Lo más preocupante es que es una presión que tiene un sabor inconfundible a chantaje. Es una demostración al gobierno que aunque no tienen cómo ganar la guerra sí tienen cómo hacer un infierno la vida del grueso de colombianos. Y es un chantaje que castiga a los más excluidos de la sociedad. Las Farc podrían haber atentado contra el suministro eléctrico en los barrios ricos de Bogotá en vez de en Buenaventura pero son conscientes que si lo hacen el proceso se acaba.Mientras tanto el Estado colombiano dispone de medios militares cada vez más sofisticados para golpear a la dirigencia de las Farc. En una entrevista en The Guardian uno de sus voceros amenazó con levantarse de la mesa si los bombardeos continuaban. Era una manera de decir que ellos también sufren las consecuencias de la guerra. El problema es que es un mensaje en el vacío porque los bombardeos no solo son legítimos sino que la opinión no toleraría que el gobierno los suspendiera.¿Qué puede hacerse para superar la crisis? Muy poco en términos tácticos. A las Farc no les queda sino el uso de un terrorismo controlado para responder a la capacidad de fuego del Estado. Al mismo tiempo Santos no tiene suficiente capacidad de maniobra para contener más de lo que ya ha hecho a las Fuerzas Militares.La única opción está por el lado estratégico. Los negociadores del gobierno tienen que convencer a las Farc que la sociedad no resiste una coyuntura como la actual por mucho tiempo. Toca presionar por retomar unos plazos predeterminados. Sostener el proceso en las condiciones vigentes por más de un año sería casi un milagro.

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