Otra forma de lucha política

Otra forma de lucha política

Febrero 23, 2013 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

La literatura sobre las luchas sociales del Siglo XX describe una situación típica. Sectores subordinados dirigidos por una organización política demandan ante las elites una transformación del orden social. Es decir, una transformación de las jerarquías que clasifican a grupos sociales de acuerdo a sus atributos materiales y simbólicos, de la división del trabajo en la sociedad y de la forma como los excedentes producidos se distribuyen entre los grupos sociales.A estas luchas se les reconoce un carácter político porque exponen de manera clara las contradicciones entre los grupos dominados y las elites de la sociedad. No importa el tipo de estrategias utilizadas para reclamar las transformaciones, pueden ser las más violentas o las más pacíficas. Tampoco que las organizaciones que dirigen las luchas sociales sean lideradas usualmente por figuras políticas que no tienen su origen en estos grupos. Mucho menos que los líderes sean cooptados la mayoría de las veces dentro de las instituciones de las elites dominantes luego de hacer los mínimos ajustes necesarios en el orden social para evitar una insubordinación mayor.Lo importante para reconocer el carácter político no pareciera ser entonces tanto las transacciones políticas que ocurren entre las elites dominantes, los dominados y las nuevas elites que se forman mediante la dirección de la lucha social, sino la expresión de disconformidad que unos grupos hacen de su situación. Pero qué hay de otro tipo de situación en que el descontento existe y la salida en vez de la organización de una protesta social es la transformación del orden por fuera de las instituciones de control de las elites o, incluso, a través de acuerdos con un sector de las elites. Así las cosas hayan ocurrido en un principio sin enfrentamientos ni debates abiertos, ¿no es acaso parte de una estrategia política de sectores dominados?Exactamente lo anterior fue lo que sucedió con el narcotráfico en muchas partes de Colombia. Sectores descontentos aprovecharon la oportunidad de acceder a los volúmenes incontables de capital que ofrecía una actividad criminal. Con el capital introdujeron cambios en el orden social de la periferia. Las jerarquías, las formas de producción económica y la distribución de la riqueza fueron transformadas en grado extremo. Miembros de grupos subordinados pudieron convertirse en nuevas elites mediante el control del capital disponible, mientras que el resto tuvo que contentarse a las buenas o a las malas con la nueva situación del orden social.Para las elites de la periferia la cuestión era como ajustarse a una serie de cambios que habían rebasado sus posibilidades de dominación social. Quienes no negociaron con la mafia su capacidad de interlocución con las elites del centro a cambio del acceso a los capitales de la droga naufragaron en el orden social. Para las elites del centro la cuestión era como enfrentar al menor costo posible el surgimiento de nuevas instituciones de dominación social en la periferia que eventualmente podían poner en riesgo su poder. La salida fueron pactos implícitos y explícitos con las mafias que menos desafiaran los límites de su poder y la represión a las que pretendían sobrepasarse.Nos guste reconocerlo o no esta ha sido una de las principales formas de lucha política de las últimas tres décadas de la historia colombiana.

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