No va a funcionar

Septiembre 21, 2013 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

El pasado jueves Juan Manuel Ospina, exdirector del Incoder, publicó una columna muy interesante en el Espectador. Ospina sostiene que las Farc pueden ser las socias idóneas para resolver el problema de los cultivos ilícitos al llenar el vacío institucional que enfrenta el estado cada vez que adelanta programas de sustitución. Dejar que las Farc, ya desarmadas, se encarguen de regular las zonas de colonización es además una alternativa de inclusión en la vida política más efectiva que la simple entrega de subsidios y puestos en el legislativo.La propuesta de Ospina se basa en una realidad histórica: las Farc han sido el estado de facto de la mayor parte de las zonas coqueras. La incapacidad de la sociedad colombiana para incluir esta población dio como resultado que los bordes de nuestra frontera habitable se inundaran de coca. La guerrilla no tuvo que luchar mucho para ejercer como gobierno en estas zonas. Simplemente el estado no llegaba hasta allí.Negociar con la guerrilla no solo su inclusión sino la de la población que gobierna pareciera ser entonces una opción política apenas natural para pacificar el país. Las zonas de reserva campesina serian bajo esta lógica los espacios institucionales para viabilizar el proceso de inclusión de guerrilleros y colonos. Sin embargo, hay varios aspectos que Ospina subestima en la interpretación del proceso de formación de las zonas de colonización coquera.Desde el principio de la bonanza coquera el problema de la inclusión política pasó a ser un asunto secundario para los colonos. Lo importante era ahora la inclusión en el mercado. Por primera vez esta población tenía la oportunidad de participar en el mercado de masas del mundo moderno. La hoja de coca era la posibilidad de producir un medio de cambio valioso en los mercados mundiales desde zonas remotas sin acumulación previa de capital.Lo irónico era que una condición para que la inclusión en el mercado fuera viable era que la exclusión política se mantuviera. Si las instituciones del estado llegaban el negocio no tenía futuro porque era ilegal. Los cultivos de coca se localizaron en los bordes de la frontera habitable precisamente porque allí no había estado.Las Farc no se convirtieron en el estado de los colonos coqueros por sus capacidades empresariales. Por el contrario, la coca como negocio es tan rentable que resiste la regulación de organizaciones comunistas ortodoxas.Lo que los colonos necesitaban era una organización coercitiva que impusiera orden en un territorio sin ley y que no criminalizara su única fuente de medios de cambio. Las Farc aunque en un principio fueron renuentes con el argumento que ‘el narcotráfico corrompe la revolución’ cumplieron finalmente con las condiciones necesarias para ser el estado de los colonos cocaleros.Pero esta transacción política entre guerrilleros y colonos no va a funcionar en el momento que a cambio de su legitimación las Farc le exijan a los colonos que renuncien a la coca, a la minería o a las demás economías criminalizadas que sostienen su inclusión en el mercado. Simplemente los colonos no van a aceptar que el precio de la inclusión política de las Farc vaya a ser de nuevo su exclusión económica. El asunto es simple: la producción legal en las zonas de colonización es útil para garantizar la subsistencia pero no es viable como medio de inclusión en el mercado.

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