No todo es tan malo

Agosto 20, 2016 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

Los enemigos de la globalización suelen criticar la manera como se despoja a los individuos de sus entornos tradicionales y los arrojan a los valores impersonales de los mercados mundiales. La crítica supone de entrada que el orden tradicional ofrece a los individuos protección ante todo tipo de calamidades desde la solidaridad de la comunidad.Como siempre la realidad nunca es blanco y negro, está llena de grises. La globalización puede destruir la ventaja de lo tradicional pero al mismo tiempo trae nuevos elementos que transforman positivamente la vida local. Son válidas las quejas contra las grandes farmacéuticas por los precios de los medicamentos. Sin embargo, gracias a estas multinacionales ha sido posible desarrollar curas para enfermedades que nunca hubieran podido ser halladas por boticarios.En muchos casos la situación es totalmente al revés. La globalización no es la causa de las injusticias sino su solución. Basta recordar cómo la presión del mundo es lo que obliga a dictaduras como la cubana a tratar con un poco de más amabilidad a su gente.En asuntos menos trascendentales es fácil ver cómo lo global rompe limitaciones y abusos impuestos por quienes controlan el orden local. El ciclismo colombiano, por ejemplo, vive el mejor momento de su historia gracias a la globalización. Si fuera por la Federación y las ligas locales sería un enfermo terminal.Los Nairos, Chaves y Rigos tuvieron que irse a equipos globales porque la dirigencia deportiva nacional nunca tuvo la visión ni la calidad de gestión para organizar un dream team con ciclistas colombianos. Cuando por fin lograron conseguir los fondos públicos para patrocinar un equipo, ya los principales corredores corrían en el extranjero. Peor aún, le entregaron el Team Colombia a un italiano que junto a unos personajes locales lo convirtieron en un negocio particular. Por supuesto, el proyecto iba a fracasar.La suerte de los pocos ciclistas que pueden irse a correr a Europa contrasta con la de los que se quedan en Colombia. La federación está en manos de dirigentes tan incompetentes que la Vuelta a Colombia está punto de salir del calendario internacional porque no cumple con normas tan básicas como la premiación, el alojamiento de los participantes y el número de días de carrera.La salvación que, de nuevo, pareciera venir del ciclismo global no ha sido posible por el interés de estos dirigentes de quedarse con todo así sea para destruirlo. Como ya se ha denunciado en otros medios, una empresa del Quindío logró hacer lo que ellos no han sido capaces después de tantos años: organizar una carrera, el Tour del Café, que atrajera empresas globales. Pero no pudo ser porque la Federación saboteó la carrera. Dicho por ellos mismos: “No puede haber un evento por encima de la entidad”.Pero no todo es tan malo. La globalización ha logrado romper el monopolio de la transmisión radial. Ahora que los colombianos vuelven a ver el Tour y el Giro han aparecido comentaristas como Goga o Santiago Botero que enseñan una nueva manera de ver y entender el ciclismo. A la vez que la TV por cable ofrece canales internacionales para ver las carreras.Mientras tanto, la transmisión del ciclismo local sigue bajo el anticuado control de Urrego y demás comentaristas radiales, quienes mantienen las carreras en la invisibilidad con tal de monopolizar una torta publicitaria cada vez más exigua.Sigue en Twitter @gusduncan

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