No habrá verdad

No habrá verdad

Septiembre 07, 2013 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

La detención de Luis Alfredo Ramos reitera que en el proceso de paz con las AUC se prefirió sacrificar la verdad. La culpa se delegó convenientemente en los paramilitares. A cambio de asumir toda la responsabilidad les prometieron una corta estadía en prisión. La clase política optó por asumir el riesgo de que posteriormente pudiera salir a flote su responsabilidad. No iban a buscar algún tipo de amnistía a cambio de admitir la verdad. Si alguien resultaba implicado tendría que enfrentar las consecuencias legales de sus actos en la Justicia ordinaria.El problema era que las relaciones entre políticos y paramilitares era un asunto sistémico. A finales de los 90 y principios de siglo era casi imposible hacer política en las regiones sin contar con los paramilitares. Había además mucho que ganar en términos de recursos para competir dentro de la estructura de poder nacional. No es casual que durante esos tiempos hayan surgidos partidos regionales sin mayor sustento ideológico capaces de ocupar decenas de sillas en el Congreso. Era cierto que estaban basados en economías criminales pero esas economías eran la base de la organización social en las regiones.El resultado todos lo conocemos: un centenar de congresistas investigados y un sinnúmero de concejales, alcaldes, gobernadores y políticos de pueblo procesados. No podía ser de otro modo ante la contundencia de la realidad. De alguna manera se puede pensar en ellos como ‘chivos expiatorios’, en el sentido que a pesar del castigo recibido no se alcanzó a dimensionar toda la verdad ni se revelaron las actuaciones de las élites nacionales. Hasta ahora solo hay rumores sobre conspiraciones para tumbar a Samper y para asesinar a Gómez.Pero no todo fue malo. Gracias al sacrificio de la verdad fue posible la desmovilización de las AUC. Es muy probable que si se hubiera exigido toda la verdad de antemano la clase política no se hubiera comprometido en hacer realidad el proceso de paz con los paramilitares.Algo casi idéntico está sucediendo con el proceso de La Habana. Así como hace una década sabíamos de los vínculos sistémicos de la clase política con los paramilitares, hoy cualquiera que esté enterado de la política nacional sabe de los vínculos de ciertos sectores legales con la guerrilla. Y por ningún lado se escucha que estos sectores estén dispuestos a asumir la verdad de lo sucedido a cambio de algún tipo de tratamiento especial por la Justicia.Si se hace justicia sería apenas normal que luego de una eventual desmovilización algún dirigente del Partido Comunista, la Marcha Patriótica o de alguna ONG fuera a prisión por haber tenido relaciones con las Farc. Sería un caso idéntico al de Ramos. No creo que el material probatorio para este tipo de procesos sea inexistente. Más bien pareciera ser que los sectores en la legalidad relacionados con las Farc, al igual que los parapolíticos en su momento, confían que las investigaciones en su contra nunca vayan a suceder. Ya los veremos gesticulando su inocencia como un futbolista ante el árbitro a pesar de haber agarrado el balón con las dos manos.Mientras tanto, por el bien de la paz y por el fin de las Farc, los colombianos nos quedaremos sin saber verdades trascendentales. Por ejemplo, nunca sabremos cómo fue el debate en el partido comunista en que se decidió avalar el secuestro como parte fundamental de la guerra insurgente.

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