Nivel hambre

Mayo 21, 2016 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

La crisis de Venezuela pareciera entrar a otro nivel. Ahora es el hambre lo que puede precipitar un cambio de régimen o que el chavismo no le quede más opción que cerrar la asamblea e instaurar abiertamente una dictadura. Como siempre, desde que se inició el desabastecimiento poco antes de morir Chávez, serán los militares los que tendrán la última palabra sobre el destino de Venezuela.Antes, la oposición tenía demasiadas limitaciones para poder contrarrestar la agudización del socialismo del Siglo XXI. Es cierto que ya con Capriles pudieron organizar una franja antioficialista decente, de al menos una tercera parte de la población, que se oponía al delirante experimento de Chávez. Pero más allá de las movilizaciones y de sentar una voz de protesta era poco lo que podían lograr para evitar que Venezuela se pareciera cada día más a Cuba.La redistribución que el gobierno hacía de la renta petrolera y el carisma de Chávez eran suficientes para neutralizar la capacidad de convocatoria de la oposición. Podía ser que las clases altas y sectores medios estuvieran descontentos por el deterioro de su situación económica, por la pérdida de libertades, por el descontrol de la delincuencia y por su exclusión del poder político. Sin embargo, no constituían una masa crítica capaz de revertir la situación.Los pobres, que se habían beneficiado del populismo chavista, no tenían motivos para comprometerse con la oposición. Había mucho que perder y poco que ganar. Por su parte, las fuerzas militares también tenían todos los motivos para apoyar al chavismo. La cúpula de oficiales se enriquecía como nunca con la corrupción y el narcotráfico ante la mirada complaciente del gobierno.Pero la historia no era perfecta para el chavismo. Cuando Maduro reemplazó a Chávez se rehusó a cambiar algo del modelo económico existente y si hizo alguna propuesta fue para hacerlo aún más improductivo. La mediocridad del manejo económico aguantaba con Chávez porque el petróleo estaba por las nubes. Al caer los precios todas las fallas se hicieron evidentes.Entonces vinieron las largas colas y el desabastecimiento alcanzó niveles de hambre. Hoy simplemente no hay comida ni medicamentos para proveer lo básico que estaban habituados las bases de la población que sostenían al chavismo. En las pasadas elecciones a la asamblea quedó claro que ya le habían dado la espalda a Maduro. No era para menos, ahora tenían mucho que perder.Hoy, por fin, la oposición tiene la suficiente masa crítica para crear una revuelta social que obligue a los militares a intervenir. Si quieren salvar su pellejo les va tocar aliarse con la oposición para sacar a Maduro y al resto de la cúpula chavista. De hecho, la gran negociación hoy no es con el gobierno sino con los militares. ¿Qué nivel de impunidad le puede ofrecer la oposición a cambio de propiciar un cambio de gobierno en las condiciones menos violentas posibles, por ejemplo a través de un mensaje inequívoco que obligue a Maduro a aceptar el referendo revocatorio?Eso si suponemos que los militares se la van a jugar por la oposición. También podrían ser el soporte para pasar a una dictadura abierta de Maduro o Diosdado. O a una dictadura de ellos mismos que acabe el manejo tan precario de la economía.Sea como fuere lo que más le conviene a Venezuela es que el desenlace sea lo más pronto posible. Extender el hambre en el tiempo sería imperdonable.Sigue en Twitter @gusduncan

VER COMENTARIOS
Columnistas