Mínimo decente

Mínimo decente

Mayo 25, 2013 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

Cuando el proceso de paz con las autodefensas avanzaba todo un colectivo de ONG movilizó a la sociedad para reclamar un mínimo de verdad. El esfuerzo fue valioso porque los paramilitares y el gobierno se sintieron comprometidos y ofrecieron más de lo que se tenía presupuestado. Pero hoy en el proceso con las Farc ese mismo esfuerzo no existe. El hecho de que el grueso de las ONG sea de izquierda se refleja en su laxitud con la guerrilla. Es inaudito que cuando los medios le exigen un compromiso con la verdad, sean los miembros de las ONG quienes digan que en efecto se necesita que el gobierno reconozca la verdad de los crímenes de Estado.No se trata de exculpar a nadie del establecimiento. Se trata, por el contrario, de evitar que se culpe al Estado para exculpar a las Farc. El reclamo de la sociedad no puede diluirse en una guerra de activistas radicalizados. Es una vergüenza que en Colombia la discusión sobre las víctimas se ideologice al punto de crearse dos bandos: el de los secuestrados (la derecha) vs el de los masacrados (la izquierda).Un proceso de paz respetuoso con las víctimas requiere que se considere a todas por igual. Y ahora, por las circunstancias de los diálogos de paz, es el momento de pedir cuentas a las Farc. Como lo fue para el estado en el proceso con los paramilitares y lo sigue siendo en el actual proceso. Más aún, no se trata de pedirle a la guerrilla que nos cuente sus más íntimos secretos. Basta que admitan lo que ya sabemos. Si no lo hacen va a ser muy difícil que la sociedad perdone y que tengan la autoridad moral para pedir que el Estado pida perdón.Para resumir, lo mínimo decente de verdad que se le pide a las Farc es que admitan: 1. Que el Partido Comunista (PC) fue clave en su formación y dirección ideológica. 2. Que a mediados de los 70 se aceptó la legitimidad del secuestro dentro del marco de ‘la combinación de las formas de lucha’. 3. Que durante y después del proceso de paz con Betancur un sector de la dirigencia de la UP y el PC legitimaba el secuestro como estrategia de lucha subversiva. 4. Que cuando sectores moderados del partido quisieron cuestionar la práctica del secuestro fueron anulados por sectores radicales, incluso algunos como Guillermo Banguero fueron ‘retenidos’ por las Farc para que rindieran cuentas por sus actuaciones independentistas en la UP. 5. Que así como en el exterminio de la UP se asesinaron a miembros de los moderados también se asesinaron a dirigentes que legitimaban el secuestro, por algunos de ellos incluso el estado ha pedido perdón. 6. Que en algunos casos, como en Urabá, la UP se benefició de la acción de las Farc contra sus competidores en las elecciones.La admisión de estas verdades no debe ser interpretada como una concesión política a la derecha sino como un acto elemental de reconocimiento a las víctimas. Las que, sobra decirlo, son muchas. Para dar un ejemplo a la mano: nada más las víctimas fatales por casos de secuestros supera las víctimas del exterminio de la UP.Ojalá las ONG dejen a un lado sus preferencias ideológicas y actúen con sensatez. Es inexcusable que existan defensores de derechos humanos que consideren a los secuestrados como las víctimas que deban ser olvidadas en nombre de la paz o, al igual que ciertos dirigentes de izquierda de los 70 y 80, como ‘una forma legítima de financiar la revolución’.

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