Mexicanización

Noviembre 09, 2013 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

Un profesor amigo de Sinaloa me preguntó en una visita a México sobre cuál era para mí la gran diferencia entre los narcos colombianos y los mexicanos. Mi respuesta fue la misma que le dieron otros colombianos estudiosos del tema. En México los narcotraficantes nunca han tenido que afrontar la amenaza de la guerrilla. Por consiguiente, nunca tuvieron que armar poderosos ejércitos irregulares. Bastaba con guardaespaldas y bandidos para hacer la guerra.Ahora la situación pareciera estar cambiando. Se habla mucho de la colombianización de México en alusión a la capacidad de violencia que han adquirido los carteles. Sin embargo, los carteles nunca han adquirido una capacidad militar medianamente cercana a la que tuvieron en su momento narcos colombianos como los jefes de las AUC. Nunca la han necesitado porque su enemigo no es una guerrilla bien organizada y financiada como las Farc.Si bien la lucha por el control territorial es actualmente parte del repertorio de los carteles mexicanos su lógica operativa sigue otro tipo de acciones propia de las formas de dominación criminal. Los carteles se especializan en el control de transacciones sociales y de regiones periféricas que están por fuera del alcance e incluso del interés de las instituciones del Estado.Las guerras se llevan a cabo con sicarios y guardaespaldas cuya función es vigilar permanentemente las transacciones y las regiones en disputa para garantizar la producción de rentas criminales. Un ataque típico consiste en incursionar en un territorio para eliminar a los ‘halcones’ (vigilantes), sicarios y operarios del cartel enemigo. De este modo no pueden proteger la plaza y la organización atacante es capaz de desplegar sus propios vigilantes y asesinos en el territorio.El botín de guerra para los bandidos rasos es la renta que produce la dominación local, desde el microtráfico hasta las extorsiones. Pero estas son solo migajas si se comparan con el botín del cartel que organiza la toma de la plaza: la utilización del territorio para el tráfico internacional de drogas. Allí es donde están las grandes rentas de la guerra.La gran paradoja es que esta forma mexicana de hacer la guerra es lo que ya está ocurriendo en Colombia a raíz del debilitamiento de la guerrilla y del proceso de paz con las Farc. Los herederos de los paramilitares son organizaciones que delegan en bandidos locales el control de las rentas menores en un territorio dado. A cambio se lucran de la franquicia territorial que otorgan a los criminales rasos. Por allí se produce, se transporta y se lava la droga que va hacia los mercados internacionales. Es así que silenciosamente estamos asistiendo a la mexicanización de Colombia. Tal como el Chapo Guzmán y el Mayo Zambada pueden controlar la mitad del narcotráfico de México desde una de sus regiones más remotas, las montañas de Sinaloa, unos campesinos de Urabá pueden en Colombia controlar otro tanto desde las selvas del Darién. A pesar de la moda de hablar de los baby carteles hoy en día los ‘Urabeños’ están en Buenaventura, la Guajira, los Llanos, las áreas históricas del cartel de Medellín e incluso incursionan en el territorio de los Rastrojos en el norte del Valle.Sin la amenaza de la guerrilla una gente humilde de Urabá copió de los mexicanos una forma efectiva y rentable de controlar territorios para el narcotráfico internacional.

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