Métodos de paz

Abril 28, 2012 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

Los rumores de paz entre el Gobierno y las Farc cada día resuenan más. Los viajes a Cuba y las discusiones jurídicas sugieren que al menos las intenciones existen. Sin embargo, aún falta mucho para que siquiera hagan parte de la discusión pública. El problema no es tanto de voluntades sino de cómo el Gobierno puede presentarle a la sociedad una serie de concesiones que la guerrilla acepte de manera irreversible. Es decir, los métodos importan puesto que la clave está en el ‘cómo’.De lo que se conoce hasta ahora sólo pueden hacerse especulaciones. Pero las cosas apuntan hacia dos líneas alternativas como métodos de paz. La primera estaría basada en conversaciones secretas con las Farc. La oferta máxima del Gobierno estaría fijada en el indulto, sin mayores concesiones en temas de interés social de la guerrilla y sin concesiones políticas. La resistencia no provendría solamente de los sectores extremos de las Farc, que ya de por sí es una organización comandada por líneas duras del comunismo, contrarios a abandonar el esfuerzo de varias décadas sin reformas de fondo. Muchos sectores de la sociedad, bien sea porque fueron víctimas de las guerrillas o porque están en franca oposición ideológica, serían reacios a aceptar un indulto.Eventualmente Santos podría neutralizar la resistencia contra el indulto. La chequera del Ejecutivo tiene capacidades asombrosas de persuasión y en el largo plazo los sectores más vulnerables -ricos y pobres- le agradecerán por siempre vivir en un país sin Farc. Pero aún suponiendo que la guerrilla aceptara la oferta existe un obstáculo metodológico que da para ser bastante pesimista. Después del exterminio de la UP y de la extradición de los paramilitares, las Farc no se van a desarmar en un solo movimiento cuando la negociación se haga pública. La desconfianza es absoluta. Encontrar una figura de negociación en medio de las armas que sea aceptada por la opinión a pesar del legado del Caguán va a ser muy complicado.La segunda línea se presenta por fuera del control del Gobierno. La Marcha Patriótica es un movimiento que trae a la arena política la discusión de ciertos temas sociales que sin duda serán parte de la agenda de paz con las Farc. Su discusión puede ser positiva si sirve para tender puentes entre la sociedad y la guerrilla. A pesar del ruido podría contribuir a que el Gobierno encuentre un mayor margen de concesiones desde la sociedad en el momento de negociar. El problema está en las sospechas que generan la coincidencia de temas. Pero a mi modo de ver a la Marcha Patriótica no debería preguntársele tanto sobre sus nexos con la guerrilla. Más bien debería exigírsele una postura clara frente a las negociaciones. En concreto si estaría dispuesta en un eventual proceso de paz a aceptar en sus filas a cuadros de las Farc o si rechaza de plano esa opción. El país se merece una respuesta sin ambigüedades porque de ella depende el papel de la Marcha Patriótica en el proceso.Si el movimiento acepta una eventual vinculación o si no es clara su respuesta sería imperdonable que aspirara a participar en el juego electoral. No hay perdón para repetir una situación parecida a la de la UP en los ochenta. No es bueno para la democracia que se sospeche que los votos y las armas van en la misma canasta. Y lo peor es que después del sacrificio en sangre la paz podría estar más lejos que nunca.

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