Los ganadores

Enero 21, 2017 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

La semana pasada en esta columna expuse una serie de cifras sobre el comportamiento de la economía que advierten sobre los graves problemas de Colombia: altos impuestos a los empresarios, baja recaudación en relación al tamaño del PIB y gasto público ineficiente. Así es muy difícil que un país sea competitivo en un mundo globalizado.Pero, además, las cifras también advierten que Colombia no solo es un país donde la riqueza está muy mal distribuida sino que el Estado al cobrar impuestos e invertir el gasto público hace muy poco por corregir la desigualdad. Algunos sectores se apropian de una parte significativa de la riqueza que debería ser destinada a corregir los rezagos de la población más pobre.En consecuencia, la razón por la que la economía funciona de un modo tal que desincentiva las inversiones privadas y castiga la eficiencia de los mercados no obedece a decisiones equivocadas de quienes manejan el Estado. Son sectores muy concretos los que imponen sus intereses en las decisiones políticas sobre el manejo de la economía así estas decisiones tengan costos enormes para la producción de riqueza del grueso de la sociedad.¿Cuáles son estos sectores? Los más evidentes son los políticos y funcionarios que manejan y desvían el presupuesto público a sus propios bolsillos. La captura de los funcionarios y políticos ligados al escándalo de Obredecht es el ejemplo perfecto del tipo de actores, ligados a la administración del Estado, que se apropian de una porción considerable de la riqueza que produce la sociedad y que, por sustracción de materia, impiden que la sociedad produzca aun una mayor cantidad de riqueza.Muchas veces se tiende a situar a estos políticos y funcionarios corruptos en el plano regional. Son los más visibles. Es muy difícil esconder la riqueza en ciudades pequeñas, en medio de tanta pobreza. Sin embargo, los últimos escándalos prueban que las grandes pérdidas de recursos por corrupción están en el nivel nacional. Allí es donde se adjudican los grandes contratos y donde la riqueza personal se disimula en medio de tanta abundancia.La corrupción de quienes manejan el Estado necesita de otro sector, que es otro gran beneficiario de la forma como se distribuye la riqueza en la sociedad: los contratistas públicos. Por algo los contratistas se han convertido al día de hoy, por encima de los narcotraficantes, en los grandes financiadores de las campañas políticas. Es una manera de invertir en potenciales adjudicaciones de contratos públicos.Pero esos son tan solo los sectores más evidentes. Existen también otros sectores que ganan mucho que la actual situación. Una gran parte de la economía colombiana se mueve a través de operaciones informales e ilegales, pero toleradas socialmente, que no pagan impuestos y que, aunque reciben una mediocre prestación de servicios públicos, casi no tienen que pagar por ellos.La mayoría de quienes encuentran sus medios de vida en estos sectores son modestos trabajadores, desde vendedores ambulantes hasta quienes atienden puestos de sanandresitos. Sin embargo, la economía informal e ilegal tolerada solo se puede mover como se mueve en Colombia porque existen grandes empresarios que coordinan, articulan y protegen políticamente el negocio.A los líderes de todos esos sectores son a los que hay que enfrentar para acabar la corrupción y, de paso, dinamizar la capacidad productiva del país.

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