Los años que vienen

Enero 02, 2016 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

Es casi seguro que el 2016 traerá uno de los eventos más importantes en la historia de la política colombiana. El fin del conflicto con las Farc va a significar muchos cambios en la forma cómo se define el poder, cómo se organizan las colectividades políticas y cómo se toman las decisiones de gobierno.Ya hay un precedente inmediato. Luego del proceso de Ralito la clase política distinta a la izquierda comenzó un significativo proceso de distanciamiento de la violencia como medio de poder. La corrupción siguió igual o peor, lo mismo que las trampas en las elecciones y el clientelismo, pero la clase política ya no actúa con tanta ligereza a la hora de recurrir a los grupos armados. Puede que la razón principal sea instrumental y no moral, es decir ya no hay tantos grupos paramilitares ni mafias tan poderosas. Sin embargo, es innegable que el país es hoy en día menos tolerante con este tipo de vínculos. Ya no existe la justificación de la lucha antisubversiva para aliarse con paramilitares y narcotraficantes.Para la izquierda el fin de las Farc significará algo parecido. No existirá la lucha armada como pretexto para la hostilidad en su contra entre muchos sectores de opinión y de votantes del país. No será posible seguir acusándolos de combinar todas las formas de lucha -como efectivamente muchos lo han hecho. Por fin podrán mostrarse como una alternativa genuinamente civilista.Sin embargo, el problema no acaba allí. Así el chavismo y la ola populista de izquierda en América Latina estén en declive, su legado marca un precedente que va a pesar en las elecciones y en el juego político inmediato. La izquierda colombiana está obligada a demostrar que respeta la democracia como forma de gobierno. En otras palabras, que para ellos las vías democráticas no son simplemente medios para alcanzar el poder e instaurar una dictadura con elecciones como lo han hecho Chávez y el resto. De momento la izquierda colombiana es muy ambigua. Vacilan a la hora de condenar las violaciones a los derechos humanos y el irrespeto a los derechos de la oposición en Venezuela. Lo que, con toda razón, activa las alarmas en la derecha que advierte que si aquí llegan al poder harán lo mismo.Por eso, los cambios no solo hay que verlos de un lado del espectro ideológico. La derecha tendrá que ajustarse al nuevo ambiente político en el momento que las Farc se hayan asimilado en las instituciones políticas de la legalidad. Y así la paz sea popular las concesiones realizadas en La Habana no lo son. A las Farc aunque se les ha dado poco hasta ahora, ese poco es mucho para lo que merecen dado su grado de representación social y de fortaleza militar. La derecha tendrá en los próximos años la oportunidad de convertir el repudio a estas concesiones en respaldo electoral y político de la población. La pregunta del millón es, ¿hasta dónde lo utilizarán para castigar a la izquierda durante la asimilación de las Farc a la democracia toda vez que no hay señales de ruptura con el populismo de la región?En suma, en el 2016 y en los años siguientes no solo veremos un conflicto armado que se extingue, sino también si tienen lugar una serie de acuerdos políticos necesarios para evitar nuevas situaciones violentas. Al final todo dependerá que la izquierda de una vez por todas lance una señal clara que no va a utilizar la democracia para instaurar una dictadura disfrazada.

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