Lincoln

Lincoln

Febrero 16, 2013 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

A las élites bogotanas les encanta comparar acontecimientos nacionales con sucesos históricos para exaltar figuras locales al nivel de los grandes líderes de la humanidad. En particular les encantan las comparaciones con Churchill y presumen de tener en sus bibliotecas alguna biografía de él. Supongo que esta fascinación responde al gusto bogotano por lo inglés y a la tozudez con que Churchill afrontó la Segunda Guerra Mundial, una tozudez necesaria en nuestro mucho menos épico pero más prolongado conflicto interno.A Uribe, por ser de provincia o quizá por no tener mayor debilidad por el estilo inglés, prefirieron compararlo con Lincoln. En apariencias el simil hecho por la revista Semana podría parecer generoso. Lincoln, también de provincia, es uno de los presidentes más populares en la historia de EE.UU. Pero en realidad está llena de veneno pues se funda en las habilidades de Lincoln como manzanillo. Además, mientras exponen a Lincoln como un líder que utilizó el clientelismo para un fin admirable, la abolición de la esclavitud, a Uribe le recuerdan las marrullerías con Yidis y Teolindo para un fin muy egoísta, su propia reelección.Si bien el episodio podría tomarse como un chiste obvio en medio de la rivalidad entre los Santos Calderón y Uribe hay varios detalles que conviene no pasar por alto para comprender el papel que jugaron ambos líderes. En primer lugar así Lincoln haya pasado a la historia como el presidente que abolió la esclavitud su propósito real era otro: mantener la unidad de la Nación. La guerra civil de los EE.UU. fue un enfrentamiento entre dos formas capitalistas contradictorias, la hacienda esclavista y el proteccionismo industrial, que sólo se iba a resolver mediante la separación del sur de la Nación o la imposición del trabajo libre.Al igual que las maniobras clientelistas el abolicionismo era un medio necesario para este fin. Al general Henry Halleck, reacio a aceptar negros en sus tropas, Lincoln le escribió: “Mi propósito es salvar la unión y no es ni salvar ni abolir la esclavitud. Si puedo salvar la unión sin liberar ningún esclavo lo haría, si puedo salvarla liberando a todos los esclavos lo haría, y si lo puedo hacer liberando a unos sí y a otros no también lo haría”. La grandeza de Lincoln estuvo en que logró mantener un país unido a pesar de las enormes contradicciones económicas. Sin la unión EE.UU. nunca hubiera llegado a ser la potencia que fue durante el siglo siguiente.En segundo lugar, Uribe a su manera tiene un aspecto en que es comparable al liderazgo que tuvo Lincoln con una causa única que era trascendental para el futuro de la sociedad: estaba convencido que en ese momento el objetivo primordial era el fortalecimiento de la autoridad del Estado. A mediados de 2002 si algo necesitaba Colombia era que el Estado se sacudiera y recuperara el monopolio de la fuerza al menos a unos niveles tolerables. Los demás asuntos podían esperar. Uribe hizo incontables marrullerías, alianzas non sanctas y excesos como los falsos positivos pero le fueron perdonadas porque logró recuperar la autoridad del Estado. Su popularidad es el reconocimiento que eso era lo que el país pedía a gritos.Me atrevería incluso a sugerir que el desdibujamiento actual de la imagen de Uribe se debe a que ya no está sintonizado con una gran causa política que amerite su liderazgo. El país ya no es el de 2002.

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