Levántate Lázaro

Levántate Lázaro

Febrero 22, 2014 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

Los errores de tantas apuestas arriesgadas le están pasando la cuenta de cobro a Ordóñez. Lo peor es que sus apuestas le pueden costar caro no solo a él sino a todos los colombianos. Una eventual medida cautelar a favor de Petro por la Cidh tendría repercusiones por $2,5 billones debido a las demandas de centenares de funcionarios destituidos.Así el monto sea una exageración para buscar solidaridad en la opinión, lo cierto es que el país no puede darse el lujo de tener un procurador que abusa de su cargo para imponer a la brava su agenda ideológica. Cuando el debate es la defensa misma de los principios democráticos y no la agenda de gobierno, los costos para la administración pública son enormes por la cantidad de recursos que se distraen de su propósito original.El mejor ejemplo de todo este despilfarro ha sido la pelea con Petro que está a punto de perder en el Consejo de Estado. Hasta un minuto antes que ordenara su destitución y su inhabilidad por 15 años Petro era un cadáver político. Había demostrado hasta la saciedad todos sus defectos como gobernante.Por un lado demostró que su megalomanía estaba por encima de cualquier criterio racional de técnicos y expertos. Sus funcionarios se veían en problemas no solo para que aceptara sus apreciaciones sobre los problemas de la ciudad, asuntos sobre los cuales poseían experiencia de varias décadas, sino simplemente para que aceptara reunirse con ellos. Conozco de primera mano a un exdirector de un instituto de Bogotá que renunció porque después de nombrarlo se negó a recibirlo en su despacho durante las siguientes semanas.El desprecio al conocimiento y a la experiencia de una serie de profesionales que se han especializado en la solución de temas específicos de políticas públicas solo puede dar lugar a resultados mediocres. Lo más grave es que este desprecio obedece a que por pura megalomanía Petro se cree un elegido para pensar las soluciones de gobierno. Es decir, es él quien sabe qué es lo mejor para gobernarnos y para convertirnos en una sociedad feliz.Por otro lado Petro demostró que no tiene contemplaciones a la hora de estirar la ley y las instituciones para imponerse. Si se trata de desprivatizar o de materializar cualquiera de sus preferencias ideológicas, desde sus resabios extremo izquierdistas hasta sus ensoñaciones ambientalistas, todo vale. Se pueden tomar decisiones a la brava, sin considerar ni las normas ni los derechos adquiridos, porque su visión de sociedad y sus aspiraciones de gobierno implican unos objetivos moralmente superiores.El caso de las basuras es tan solo el reflejo de lo que sucede cuando un mandatario piensa que es el mejor tecnócrata y el referente moral. Fue advertido reiterativamente por sus asesores, como lo ha sido advertido en temas tarifarios y en temas de transporte, y se empecinó en su error. Resultado: una ciudad llena de basuras.Toda esta mediocridad era clara hasta que Ordóñez, igual que Petro, quiso imponer su superioridad moral e intervino. Entonces como Jesús con Lázaro la imagen de Petro resucitó. Ahora nadie recuerda que es un pésimo gobernante. La discusión es sobre los derechos democráticos y en ese tema Petro está en su terreno natural. Lo que era un cadáver político de la noche a la mañana se convirtió en un posible presidente si la sanción de la Procuraduría, totalmente injusta por cierto, no se hace efectiva.

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