Lecturas en la selva

Mayo 28, 2016 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

Uno de los grandes problemas para la asimilación de las guerrillas en la democracia es el aislamiento en que se mantuvieron mientras hacían la guerra. Las montañas y las selvas no son los mejores lugares para hacer una lectura política de la realidad. Para soportar las bombas, las balas y los compañeros muertos es necesario fortalecer las convicciones ideológicas como si fuera una religión. No importa cuánto cambie la política y la sociedad allá afuera, lo importante es mantener la moral de lucha.Un mando guerrillero que se exilió luego de pagar una larga condena me contaba en un café de una ciudad mediterránea: “La selva se lo traga a uno”. Lo había conocido cinco años antes, en ese entonces seguía siendo un radical, y era muy difícil poder trascender en una conversación con él más allá de los aspectos generales de la situación del país. Ahora, sin dejar sus convicciones políticas a un lado, podía analizar las cosas con total coherencia. Simplemente vivir en una ciudad desarrollada de Europa le había cambiado su percepción y sus referentes de la política sin necesidad de transformar su posición ideológica.Ojalá los mandos guerrilleros que hoy lideran las conversaciones de paz hubieran tenido esa experiencia. Cuba no es el mejor referente en ese sentido. Aunque La Habana ofrece más contacto con otras realidades que las montañas y selvas de Colombia, no deja de ser un punto de referencia que lo único que hace es fortalecer las convicciones ideológicas más esenciales. A la final se trata de una sociedad cerrada, con todo y los procesos de apertura que han ocurrido en los últimos años. Leer la realidad política de Colombia desde la burbuja de una sociedad socialista no es lo más conveniente para aprender la lógica del debate democrático.Más dramática es, sin embargo, la situación de los jefes del ELN. Cuando la religión y la política se unen solo pueden dar lugar al dogma. Si se vive aislado de la realidad en medio de la guerra el dogma es sin compasión. Y si eso no fuera poco, la fragmentación en liderazgos tan diversos, según cada frente de guerra, los lleva a que la lectura sea un cocido de retazos discontinuos en que las decisiones deben justificarse a posteriori.No de otra manera se puede explicar el secuestro de Salud Hernández Mora y los demás periodistas. ¿Qué gana el ELN con esa acción? Todo son pérdidas. En primer lugar, es una patada a la mesa de negociaciones. Para el gobierno es imposible retomar la agenda hasta que no devuelvan a los periodistas, e incluso está en la obligación de endurecer su posición y obligar al ELN a renunciar al secuestro, una posición en que el gobierno no era hasta entonces muy claro.En segundo lugar, el episodio de Salud Hernández ha sido la forma más abrumadora de perder cualquier tipo de respaldo de la sociedad y de la comunidad internacional. Si quedaba alguna duda que es una organización terrorista sin ninguna consideración humanitaria, allí está la prueba definitiva. En adelante nadie en la esfera pública, por más sintonía que tenga con los postulados ideológicos del ELN, se atreverá a echarles una mano.Por último, está el error de lectura más grave: es un secuestro que en vez que contribuir a hacer exigencias políticas, a lo que conduce es que el gobierno no pueda concederles nada. Ni los propios secuestrados estarían de acuerdo en la menor concesión a cambio de su liberación.Sigue en Twitter @gusduncan

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad