Lecciones después de Alzate

Diciembre 06, 2014 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

La rápida liberación del general Alzate dejó varias lecciones importantes sobre el estado actual del proceso de paz. La primera es que las Farc están seriamente comprometidas con el proceso. Sacrificaron las potenciales ganancias del episodio por retomar las negociaciones. De otro modo no se explica su voluntad por devolver al general sin aprovechar una oportunidad única en la historia de esta insurgencia.Basta imaginar cómo hubiera sido la reacción si la captura de un general del ejército hubiera tenido lugar en los tiempos del Caguán. Las Farc lo hubieran exhibido como muestra de su fortaleza militar y el proceso estaría suspendido indefinidamente hasta que se hubiera avanzado en temas anexos a la confrontación como el intercambio de prisioneros de guerra.La segunda es que ya el tiempo no es solo una variable que apremie al gobierno sino también a las Farc. Es muy probable, casi seguro, que no se firme nada definitivo de aquí a mediados de 2015. Pero las Farc ya deben haber entendido que no pueden postergar la firma de un acuerdo definitivo más allá del primer semestre de 2016. De lo contrario se arriesgan a que la implementación de los acuerdos sea parte de la gestión del próximo gobierno, el cual puede ser poco amigo del proceso.Más aún, si dejan que la implementación sea un tema de debate en las próximas elecciones es muy probable que todos los candidatos, incluido el de Santos, se vea obligado a endurecer las condiciones de desmovilización de la guerrilla. Las Farc, aunque hablen duro en la mesa, son conscientes que su impopularidad es tan grande que cualquier postura en contra de ellas se vería reflejada positivamente en las urnas. No es de extrañar entonces que la premura con que resolvieron el tema del general responda a que por primera vez sientan que el tiempo corre en su contra.En tercer lugar, las Farc tuvieron que aceptar que el gobierno les cambiara las reglas del juego sin que pudieran hacer mayores reclamos. Por más que ‘Timochenko’ y ‘Márquez’ anunciaran que el proceso no podía seguir igual luego que el gobierno se parara de la mesa, sabían muy bien que el secuestro del General no dejaba margen de negociación a la contraparte.Puede que lo de Alzate fuera uno de los episodios más vergonzosos en la historia del Ejército pero, sean cuales fueran los motivos por los que acabó en pantaloneta y chancletas en medio del Atrato, la sociedad no aguantaba otro desplante. La sensación generalizada era que las Farc no habían dado suficientes muestras de paz por lo que el gobierno debía de dejar de hacer concesiones. Así el Presidente quisiera continuar no tenía capital político para hacerlo, el proceso debía suspenderse hasta que el General fuera devuelto.En cuarto lugar, a pesar que el proceso pudo resistir la crisis de Alzate y demostró que ya está fundado en avances sólidos, el episodio es una advertencia que de todas maneras hay riesgos que pueden echar al traste todo lo avanzado. Si por alguna circunstancia fortuita el General hubiera perdido la vida en un intento de rescate o por fuego cruzado en medio de la confusión inicial, el proceso seguramente hubiera llegado a su fin. Sin importar que nunca antes se hubiera avanzado tanto estaríamos en una situación similar a la de antes de comenzar las negociaciones.En suma, hay motivos para el optimismo pero todavía falta otro tramo para el punto de no retorno.

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