Las víctimas de siempre

Agosto 15, 2015 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

Los informes sobre la violencia sexual de las Farc publicados en días pasados por la revista Semana y el portal Pacifista tienen mucho que decir sobre cómo fue el proceso de victimización de esta guerrilla. De paso, desmienten la versión de que solo fueron los grupos paramilitares quienes se ensañaron con la población más marginada y excluida del país. Las Farc también utilizaron como arma de guerra la brutalidad contra los civiles.Una lectura de los testimonios de las violaciones advierte una misma lógica. Tropas y mandos medios de la guerrilla interactuaban con civiles de una comunidad apartada. Percibían que una familia o un grupo de pobladores no les colaboraban. Es decir, no estaban dispuestos a ceder un hijo a la causa, no entregaban información o eran sospechosos de colaborar con los paramilitares. Entonces para lanzar un mensaje contra quienes estaban en contra de sus aspiraciones de hegemonía territorial procedían a una agresión fuera de toda proporción.La violación ocurría en muchos casos a la vista de toda la familia o de la comunidad porque era la forma de lanzar un mensaje simbólico muy fuerte. Los familiares y la gente debían presenciar la agresión como quien presencia el castigo a alguien que incumple las leyes impuestas por quien ejerce como autoridad. Es una advertencia de lo que podía pasarles si no obedecían.Pero la violencia sexual era solo una de las distintas opciones dentro del repertorio de retaliación contra los civiles. Al igual que los paramilitares, las Farc robaban las pocas vacas, marranos y gallinas de familias campesinas, se quedaban con sus tierras, los masacraban, cortaban cabezas y las colgaban a la entrada de los caseríos, incluso un analista de izquierda habló de empalamientos a sospechosos de ser paramilitares en el programa Hora 20. Las víctimas de esta tragedia fueron en su gran mayoría las de siempre: campesinos, colonos y pobladores de municipios más apartados.Hasta ahora la opinión no alcanza a imaginar el grado de brutalidad y sevicia a los que llegaron las guerrillas en el conflicto. Y no se lo imagina porque, a diferencia del caso de los paramilitares, no existe una serie de organizaciones de la sociedad civil que recopilen y denuncien sistemáticamente las violaciones a los derechos humanos cometidas por ellos.No es casual que la denuncia de los casos de violencia sexual por las Farc la hayan hecho estas mismas organizaciones. Lo hicieron porque para muchas organizaciones feministas el tema de la violencia contra la mujer está por encima de cualquier postura ideológica de izquierda. De allí que sea este tipo de violencia contra los civiles que sale relucir, a pesar de que sea solo una de las tantas prácticas en el repertorio de las Farc. Es así que faltan trabajos y denuncias sobre desapariciones, desplazamientos y la violencia política cometida por las guerrillas.No es la pretensión aquí demeritar la labor de las organizaciones de la sociedad civil. Tampoco se trata de pedirles que cambien su foco de atención de los paramilitares a la guerrilla. Todo lo contrario. Lo que se reclama son nuevas organizaciones de la sociedad civil que denuncien la barbarie de la guerrilla contra los civiles, como bien lo hicieron las organizaciones de izquierda cuando denunciaron la barbarie paramilitar. De no ser así no se sabrá la verdad de lo sucedido a la mitad de las víctimas de siempre.

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