La victoria de la sensatez

La victoria de la sensatez

Diciembre 12, 2015 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

La estruendosa paliza que recibió el chavismo en Venezuela tiene una lectura evidente y otra más sutil.La lectura evidente es que el desplome del régimen es consecuencia de la incompetencia y de la corrupción del chavismo, que llevó a dos situaciones de extrema impopularidad cuando el precio del petróleo se desplomó. En primer lugar, a un desabastecimiento a niveles peores de los estados comunistas durante el final de la guerra fría. Las imágenes de las filas que los venezolanos deben hacer para comprar un cepillo de dientes, un pollo o un papel higiénico dan una idea exacta de lo que pueden sentir sobre su gobierno.En segundo lugar, a un cinismo y a un nepotismo que era imposible esconder por más censura que se ejerciera sobre los medios de comunicación. Por más chavista que uno fuera si veía a Maduro, a Diosdado, a Jaua, a las hijas de Chávez y al resto de la monarquía bolivariana repartirse los puestos y el presupuesto público sin la menor vergüenza, era imposible creer que las filas y el desabastecimiento eran consecuencia de la guerra económica de la oligarquía y del imperio.La gran pregunta de esta lectura es si lo de las elecciones a la Asamblea Nacional fue una victoria de la oposición o una derrota del chavismo. ¿Hasta qué punto el rechazo en las urnas al PSUV se debió a una respuesta organizada por todas las colectividades de la oposición y hasta qué punto se debió al descontento de la gente con la situación? De seguro la respuesta está en algún lugar intermedio, que se verá más adelante al analizar la capacidad que tenga la oposición de manejar, si es que puede, la transición hacia una Venezuela postchavista.La otra lectura, la más sutil, es que en ambos bandos se impuso la sensatez. Pudo no haber sido así porque diversos sectores radicales presionaron para que la rivalidad se llevara por medios extrainstitucionales. Si esos sectores se hubieran impuesto en alguno de los dos bandos el baño de sangre en Venezuela todavía no habría terminado.Henrique Capriles les demostró a los extremistas de la MUD que la única oportunidad de cambio real estaba en unas elecciones que ganaran de manera contundente. Si no era por paliza el chavismo podía hacer fraude sin temor a las consecuencias. Mandar a la gente a las calles y a organizar Guarimbas, protestas con cierre de calles en los barrios, a lo único que iba a conducir era a una represión brutal y a muertes innecesarias como ocurrió hace un par de años. El gobierno dispone de un poder de fuego muy superior. Eso sin mencionar el poder de fuego de los colectivos, los paramilitares del chavismo.Por otra parte estuvo la sensatez de las fuerzas armadas. El general Padrino López, ministro de defensa chavista, no es precisamente un convencido de los derechos humanos, ni mucho menos un militar con fama de honesto. Sin embargo, fue consciente que si cedía a las pretensiones de autogolpe de Maduro y Diosdado sería él quien tendría que responder por todas las muertes que implicaba la decisión. Serían las fuerzas armadas las que tendrían que salir a las calles a reprimir a sangre y fuego las protestas que de seguro se vendrían si no se reconocía la aplastante victoria de la oposición.Por eso es posible afirmar que la gran vencedora en las elecciones a la asamblea nacional fue la sensatez. Sin ella hoy no se estaría hablando de elecciones sino de una tragedia en Venezuela.

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