La propia ‘Santada’

La propia ‘Santada’

Junio 30, 2012 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

Lo sucedido con la reforma a la Justicia es propio del fondo y de la forma del presidente Santos. Si entendemos el oficio de la política como el logro de decisiones de interés para sectores importantes de la sociedad, la mayor virtud de Santos estaría en su audacia para apostar por decisiones clave mediante golpes relámpago mientras que su principal defecto estaría en la incapacidad de llevar a cabo esas mismas decisiones mediante los mecanismos usuales de concertación.Disciplinar las colectividades políticas mediante las concesiones menos costosas posibles y obtener de ellas el compromiso para materializar las decisiones es la esencia de los líderes democráticos. La democracia demanda un trabajo menudo de agregación de intereses mediante acuerdos incómodos pero necesarios. No basta con el manejo de los medios y el aplauso de los columnistas. La democracia es principalmente sobre el cumplimiento de acuerdos para evitar, o más bien para limitar, los abusos de ciertos sectores y facciones en una sociedad. Y a pesar del repudio de la opinión los políticos profesionales son la esencia de estos acuerdos. Son quienes los hacen posibles y quienes representan a los sectores y facciones.En esta tarea Santos se está revelando incapaz. Si su audacia no alcanza para ganar la partida en unas cuantas manos de póquer se queda sin opciones distintas a salir a la palestra pública a culpar al cómplice de turno. La traición sin asomo de vergüenza ha sido reconocida como una actitud muy propia de él. Aun así la opinión se la perdonó y lo eligió Presidente. Pero ahora no se trata de sus aspiraciones políticas sino de los principales asuntos públicos del país. Culpar olímpicamente a los demás no resuelve los problemas.Todos estos defectos de Santos se nos relevaron en las pasadas semanas. Su incapacidad en la política menuda quedó evidenciada en las concesiones hechas a los congresistas para sacar adelante la reforma a la Justicia. Es usual que el Ejecutivo aceite al Legislativo con puestos, presupuesto y algunos miquitos. El problema fue que Santos no se midió en las concesiones realizadas para alinear a la clase política y nunca dimensionó el costo de la negociación. Sólo cuando la opinión pública reclamó contra semejantes orangutanes Santos reaccionó. Y por supuesto lo hizo con una ‘Santada’: culpó de todos los micos a una conspiración de los congresistas dando a entender que su gobierno no sabía nada de lo realizado en la conciliación de la reforma.Los congresistas que son menos tontos que ángeles rápidamente le demostraron lo contrario. Quedó claro que el Gobierno sabía. Ahora Santos no sólo va en caída libre para su reelección sino que está peleado con un Legislativo que es fundamental para sacar adelante su agenda de gobierno.Ya en una columna pasada había mencionado que el problema de Santos no iba a ser su voluntad de realizar una serie de cambios necesarios para la modernización del país, de hecho él quiere pasar a la historia como un nuevo López Pumarejo. Su verdadero problema iba ser la incapacidad de manejar la política para materializar la agenda modernizadora. Y sin el compromiso de la clase política muy poco va a ser posible. Lo sucedido con la reforma a la Justicia es una pésima señal en ese sentido, de un nuevo fracaso en el intento de modernizar la política y la sociedad colombiana.

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