La mesa

Septiembre 07, 2012 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

La mesa de negociación va tomando forma y ya se ven las prioridades de las partes. Igual de importante a lo que se va a tratar es lo que no se va a tratar.Lo primero que llama la atención es la composición de la mesa. El equipo negociador del Gobierno es un claro reflejo de la paz que le interesa a Santos, una paz que gira alrededor de la visión de sociedad de la elite nacional y de la suerte jurídica de las fuerzas que hacen la guerra. La falta de representación de varios sectores de la sociedad, en particular de las regiones, las clases medias y sectores populares, es diciente de lo que se va a pactar y de lo que va a quedar por fuera del proceso.Si bien es cierto que por razones procedimentales entre menos actores hagan parte de la mesa mayores las posibilidades de éxito, también hay que considerar los problemas políticos que deja la exclusión en el largo plazo. La presencia de Mora Rangel es una señal que la suerte de los militares condenados va a ser considerada en las negociaciones. Para él sería un exabrupto que ‘Timochenko’ al final de las negociaciones haya solucionado su situación jurídica y Rito Alejo continúe en la cárcel. En contraste, la ausencia de un verdadero representante de la clase política de las regiones es una señal que la suerte de los parapolíticos está echada. No importa si se llega a la paz, ellos continuarán presos. No pareciera que de la Calle vaya a representarlos.Muy diciente es también que los terratenientes estén por fuera de la mesa pese a estar en el centro de la guerra. Si el Gobierno va a defender la propiedad en el campo lo va hacer desde los intereses de los agroindustriales. Villegas no pareciera que vaya a darse la pelea por la ganadería extensiva y los especuladores de títulos que aprovecharon la violencia para hacerse a la tierra. Terratenientes y políticos de provincia tienen mucho que perder y una capacidad de saboteo que no debe subestimarse. Pero todo parece indicar que Santos los piensa arreglar a punta de prebendas por fuera del proceso.Por el lado de las Farc sus decisiones son sintomáticas. En la rueda de prensa del jueves mostraron todos sus vicios. Persisten con la idea de un tiempo estático: ¿Después de cinco décadas de guerra por qué no tomarse unos años para hacer la paz? Tan parsimoniosos son que ni siquiera fueron capaces de presentar todo su equipo negociador. Presentaron tres de cinco y uno es inviable. Del mismo modo persisten en negar lo evidente. Si no admiten ahora sus relaciones con el narcotráfico y pactan una solución política al asunto, ¿qué va a suceder cuando después de un proceso, supongamos exitoso, sus miembros sean procesados por narcotráfico? La solución no puede pasar por alternativas irrealizables como la legalización de la droga tal como lo sugirieron.Pero su mayor inconsecuencia política está en desestimar el daño causado por el secuestro durante las últimas tres décadas. Todavía se refieren a los secuestrados como retenidos. Si algún lastre va a tener la organización que tome la vocería política de los guerrilleros desmovilizados, llámese Marcha Patriótica o cualquier otro colectivo, va a ser la condena de la sociedad por la práctica masiva de este crimen. Los terratenientes y parapolíticos pueden no ser simpáticos para la sociedad civil pero no se les puede olvidar que los familiares de los secuestrados sí son capaces de movilizar millones.

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