La ira de Trump

La ira de Trump

Enero 28, 2017 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

La propuesta de Trump está basada en la ira de una parte de Estados Unidos que siente que el estatus de su país en el mundo cae en picada y su situación material es peor que la de sus abuelos.Es solo una parte de ese país, la ira de los blancos que viven en el extenso territorio que hay entre las dos costas donde habita la población más rica y prospera, donde se mueve el grueso del capital que quita y pone fábricas en Asia y donde la élite política e intelectual se jacta de un progresismo ‘políticamente correcto’.Los migrantes hispanos no tienen el recuerdo de unos abuelos prósperos, que con sus salarios de blue collar -como se refieren al trabajo no calificado en EE.UU.- podían llenar las expectativas de consumo de la clase media. Y los negros, además de haber sido siempre más pobres, nunca se han sentido parte de la América grande, así que para ellos no tiene ningún sentido el eslogan: “Make America great again”. Así existan algunos despistados, la ira de Trump no es de hispanos ni de negros sino de los blancos del Midwest resentidos con el predominio político y económico de la élite de las costas.Una historia simple de un joven gringo que conocí por casualidad sintetiza el sentimiento de los blancos del Midwest. Él vivía en un pueblo de las Montañas de Colorado de menos de 10.000 habitantes, todos blancos. Denver, la capital, la única ciudad cercana, quedaba a dos horas en automóvil. La población dependía de dos importantes prisiones, una federal y otra estatal, que se habían ubicado allí por el aislamiento. De hecho, el personaje más rico del pueblo era el jefe de una prisión.Desde la escuela el joven gringo tenía muy claro que no quería repetir el modo de vida de los adultos del lugar. Por eso se esforzaba en los estudios y cuando se graduó su familia hizo un enorme sacrificio para que fuera a una universidad de prestigio. Tuvo que irse, claro está, a estudiar en otro estado. Pero valió la pena. Apenas terminó un prestigioso banco le ofreció un empleo en Nueva York, en la costa este, con un salario que supera en varias decenas de miles de dólares al año al del jefe de la prisión.El joven gringo me comentaba que cuando regresaba a visitar a sus padres, en la escuela secundaria lo utilizaban como ejemplo a los estudiantes para venderles la idea de que si estudias y te esfuerzas puedes triunfar en la vida. De sus compañeros de graduación, más de cien, solo otros dos continuaron estudios universitarios. El resto se quedó en el pueblo ocupados en trabajos de blue collar que apenas alcanzan para pagar la casa, el auto y los gastos básicos. Ahora, además, hay una epidemia de metanfetaminas. La situación para la juventud es crítica.Por supuesto, la gente no está contenta. Se avizora un futuro desesperanzador. Saben muy bien que si por alguna razón cierran las prisiones estarán condenados a la extinción. Quieren una nueva oportunidad, al igual que la quieren decenas de miles de poblaciones en el Midwest e, incluso, ciudades como Detroit que viven en la ruina.Adivinen quién ganó las pasadas elecciones allí. Sobra decir que Trump barrió. Pero lo dramático va a ser que por ningún lado se puede presagiar que sus políticas vayan a resolver la situación de este pedazo de EE.UU. más allá de reivindicar a los blancos pobres en su discurso.Después de la ira vendrá una nueva frustración.Sigue en Twitter @gusduncan

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