La ganadería

Julio 16, 2016 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

La actividad económica legal que ha sido más asociada al paramilitarismo es la ganadería. Hay buenas razones para explicar este vínculo. Sin embargo, no puede caerse en el argumento simplista de ganadero igual a paramilitar con pretensiones de despojo de tierras. Como siempre los hechos son mucho más complejos.El problema con la ganadería en Colombia proviene de sus características productivas. Por ser de naturaleza extensiva tiene un alto costo de oportunidad social. Genera muy poco empleo por espacio ocupado, alrededor de uno por cada cien hectáreas, y escasa rentabilidad en comparación con otras actividades agrícolas. En otras palabras, si la sociedad hubiera apostado por cultivos industriales o por la explotación pecuaria tecnificada en vez de la ganadería, el país dispondría de más y mejores empleos en el campo. Seguramente la brecha entre la pobreza rural y urbana no sería tan extrema como muestran las cifras año tras año.Eso no es todo. El costo social de la ganadería también se ve reflejado en la capacidad fiscal del Estado. La captación tributaria es mucho menor por el simple hecho que la producción de riqueza es menor y porque por varias razones, como la influencia política y la falta de un sistema efectivo de información catastral, muchos ganaderos han podido evitar el pago de impuestos equivalentes al valor de su propiedad.Todos estos problemas incidieron en que el conflicto se incubara con gran intensidad en las zonas ganaderas. Grandes extensiones de tierra que vigilar, campesinos muy pobres y pocos impuestos para financiar la provisión de seguridad por el Estado hicieron que las ganaderías fueran espacios naturales para que la guerrilla incursionara desde las áreas más periféricas del país.Fue entonces que los ganaderos se vieron arrojados al conflicto. Algunos de ellos organizaron grupos paramilitares para defenderse pero la gran mayoría no fueron perpetradores directos, tan sólo pagaron para recibir protección. Más aún, sucedió algo peor: narcotraficantes y ejércitos privados aprovecharon la guerra para despojar o comprar a precios irrisorios tierras ganaderas. Muchos paramilitares y narcotraficantes se convirtieron así en ganaderos.Pero eso es sólo una cara de la moneda. Los hechos muestran también que el grueso de los ganaderos fueron tan sólo víctimas. El sector que más padeció el secuestro fueron ellos, sin mencionar las extorsiones y expropiaciones. De hecho, quizá no exista otra actividad económica donde mayor victimización por la guerrilla haya ocurrido. Fundagán recopiló información de más de 7.000 asesinatos de ganaderos y de decenas de miles de secuestros.La cuestión es entonces que el ejercicio de memoria histórica no puede limitarse a interpretar el papel de victimarios que asumieron los ganaderos. Si bien es cierto que la mayoría pagaron a grupos paramilitares, lo hicieron en una situación donde no había alternativa. Las encuestas a ganaderos muestran que antes de pagar vacunas a los paramilitares estaban obligados a pagar a la guerrilla. Si no lo hacían los mataban los unos o los otros como muestran el número de víctimas recopilado por Fundagán.Mucho menos puede justificarse toda la victimización como una consecuencia legítima del alto costo social de la ganadería. Hacerlo equivaldría a justificar episodios siniestros como, por ejemplo, el exterminio de la UP por sus vínculos con las Farc.Sigue en Twitter @gusduncan

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