La economía

Enero 14, 2017 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

Varias cifras, vistas en su conjunto, muestran la existencia de un grave problema estructural de la economía en Colombia. Y no es solo un asunto que se restrinja a un potencial estancamiento, e incluso deterioro, de la capacidad adquisitiva del promedio de los colombianos, sino que puede tener hondas repercusiones políticas.Los niveles de tributación se han incrementado progresivamente hasta el punto de convertir a Colombia en un país poco atractivo para invertir a pesar de los salarios relativamente bajos de la mano de obra no calificada. De acuerdo al reporte de competitividad del Banco Mundial Colombia tiene el quinto porcentaje de impuestos más alto a las utilidades de las empresas entre una comparación de 138 países con una tasa del 69,7%.No es de extrañar que el coeficiente de inversión se haya reducido en dos puntos porcentuales desde el 2014. Varias empresas se han ido del país. Santiago Pardo, exdirector de la Dian, lo advirtió en una entrevista para El Tiempo: “[hay una] cantidad de empresas grandes que empezaron a trasladar su producción a Estados Unidos, a México… Hoy en día, muchas de ellas atienden el mercado internacional, pero, sobre todo, el mercado nacional con producción hecha afuera”.En el mismo reporte del Banco Mundial se infiere que estos impuestos no son muy bien administrados. Por ejemplo, en cuanto al desperdicio del gasto del gobierno Colombia ocupa la posición 96 y en calidad de la infraestructura terrestre la 120.Hay más: a pesar de tener impuestos altos para las empresas el recaudo del Estado es comparativamente pequeño. Mientras países desarrollados como Italia y Francia es del 23,5%% y 23,2% del PIB respectivamente, en Colombia tan solo equivale al 15%.La relación impuestos altos y presupuesto público bajo se debe a la alta dosis de evasión y a la tendencia reciente de los gobiernos de confiar en la estabilidad de los ingresos petroleros. En Colombia el grueso de los impuestos del sector productivo lo generan tan solo 3.600 grandes contribuyentes. Muchas empresas pequeñas viven en una especie de cuasi informalidad, cuando no en una informalidad pura y dura, por no ser viables si pagaran lo que les corresponde por ley.Ahora, con el petróleo a precios moderados en relación a la década anterior, al Estado solo le queda subir impuestos para cubrir su presupuesto o reducir el gasto público. Políticamente es muy difícil para cualquier presidente pedirle a la sociedad y a la clase política una reducción de ese tipo. Pero justificaciones existen. En una columna anterior mencioné que el índice Gini de desigualdad después de incluir los impuestos y la redistribución hecha por el Estado apenas cambia. Es decir, alguien en la administración pública se queda con la plata que debería ir para los más pobres. Lo grave es que en el mediano plazo si el país no logra ampliar la base tributaria para reducir impuestos a los empresarios formales, de modo que se atraigan nuevas inversiones, es muy probable un estancamiento de la producción y por allí mismo de los ingresos del estado. Y los más afectados serán muchos sectores de ingresos medios y bajos que a través de salarios y subsidios han podido convertirse en consumidores de clase media.De la frustración de estos sectores, más que de los realmente pobres, es que pueden derivar cambios políticos impredecibles en el país. Será la ventana de oportunidad para el populismo.Sigue en Twitter @gusduncan

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