La clase media

Octubre 22, 2016 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

Es difícil ver cómo cambian las cosas cuando las vemos todo el tiempo. A veces sólo se es consciente que nada es lo mismo cuando se deja de ver un largo rato y de repente se revela como algo novedoso.Pasé toda mi infancia y mi adolescencia en Cartagena. Luego me instalé en Bogotá y en otras ciudades. En los últimos años dejé de ir a Cartagena al punto que mi imagen de la ciudad se convirtió en el recuerdo de tiempo atrás. Como todos los recuerdos es una imagen atemporal que no cambia a medida que uno sigue su vida.La semana pasada fui invitado a una conferencia en la Universidad Tecnológica de Cartagena. Luego de la charla salí a cenar con los colegas que me hicieron la invitación. Me llevaron a un restaurante de un siciliano en un barrio popular. Admito que era escéptico con el lugar. Dudaba que el gusto y el bolsillo de la gente de ese barrio permitieran que un siciliano, que a duras penas balbuceaba el español, ofreciera recetas genuinamente mediterráneas.Mis recuerdos se habían convertido en mis prejuicios. O para ser franco, los prejuicios de otra época habían tomado el lugar de mis recuerdos. Cuando yo vivía en Cartagena casi no existía la clase media, la poca que había reducía su consumo gastronómico a las plazas de comida de los centros comerciales. Hamburguesas y perros calientes, junto a los platos típicos, eran la oferta disponible. Los ricos, que eran más bien pobres si se comparaban con los de otras ciudades, iban a unos cuantos restaurantes internacionales. Los demás, pobres desde siempre, debían conformarse la mayoría de las veces con comer sólo para subsistir.La cena fue exquisita. Salvo unos pocos italianos las mesas estaban llenas con gente del lugar. Algunos tomaban vino y de alguna manera se entendían con el hijo del siciliano que hacía de mesero. Era gente muy distinta a las de mis recuerdos. Chateaban en sus celulares y tomaban fotos a los platos de ñoquis con salsa de quesos y pastas con mejillones. Afuera habían dejado sus vehículos. Una vecina se quejaba que ahora tomaban su calle como parqueadero. Ni el siciliano ni los clientes le prestaban atención.Ya no era la sociedad dividida en blancos y negros de mi adolescencia. La clase media era la mayor parte de la gente. El restaurante del siciliano no fue el único aviso. Al aterrizar, desde las ventanas del avión, se veían los nuevos edificios y conjuntos residenciales en lugares donde antes sólo había casas de un piso entre caños insalubres y calles sin pavimento. En el aeropuerto me encontré con un compañero de colegio. Me contó de otros compañeros de esos barrios que habían podido estudiar y hacer carrera como médicos. Ahora son exitosos profesionales.En Cartagena pude ver la transformación que ha ocurrido en toda Colombia. Aquella que la cotidianidad de décadas de corrupción, desigualdad y violencia no dejaba apreciar: la aparición en las ciudades grandes e intermedias de un enorme sector de clase media que ha transformado las prioridades políticas, económicas, culturales y de todo tipo en el país.Son estos sectores los que de manera silenciosa determinarán gran parte de la historia por venir. Su principal preocupación serán dos cosas, que se mantengan los niveles de ingresos y que estén disponibles las oportunidades de educación, en especial educación superior. No es un capricho, así pudieron llegar a ser clase media y así podrán mantenerse como tal.Sigue en Twitter @gusduncan

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