La carta de Restrepo

Diciembre 27, 2014 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

La carta de Luis Carlos Restrepo al Centro Democrático (CD) ofrece una alternativa bastante interesante para superar la posición tan poco propositiva de sus copartidarios en relación al proceso de paz. De paso, apuesta por cambiar la actitud reactiva del CD y tomar una participación activa en el proceso desde una “posición crítica”.Hasta ahora el uribismo se ha empecinado en rechazar cualquier avance en La Habana. Por eso a veces queda la impresión que lo que le estorba no es la paz sino que se alcance bajo un gobierno que no sea suyo. En principio esta actitud no es extraña. Es apenas natural que sean reacios a reconocer los logros del gobierno. En la democracia se trata de ofrecer a la ciudadanía una alternativa de gobierno mejor que la de los competidores.Sin embargo, cuando no se guardan las apariencias y queda en el ambiente la sensación que alcanzar el poder es más importante que el bienestar del país los resultados pueden ser pésimos para el partido y para la Nación. Al CD lo pueden castigar en las votaciones por la manera tan intransigente cómo se opone al proceso. Para el país el desperdicio de la actual oportunidad de paz puede significar unos miles de muertos de más y la postergación de una competencia democrática mucho más civilizada.La carta de Restrepo le recuerda al CD que no puede caer en este error de atravesarse a la paz como estrategia de poder. Por el contrario, debe participar activamente para que la negociación se lleve a cabo. Debe hacerlo, además, para imponer su agenda en las concesiones que se hagan y en los términos mismos del proceso. Es decir, que haya paz pero en unos términos aceptables para la oposición.La carta llegó en una coyuntura que no puede ser más propicia. Luego de exigir reiterativamente que la guerrilla estuviera obligada a realizar un cese al fuego, el uribismo critica la decisión del cese al fuego unilateral e indefinido. Está bien que la concesión de las Farc está llena de veneno porque obliga al gobierno a realizar un cese bilateral para que se cumpla. Pero esa era la réplica que constantemente el gobierno le hacía al CD cuando exigían el cese al fuego de la guerrilla.Lo razonable hubiera sido que el CD hubiera doblado la apuesta de las Farc. En vez de criticar su decisión ha debido plantear a la guerrilla las condiciones en las que se debe dar. Por ejemplo, que la tropa se concentre en determinadas áreas y que exista vigilancia internacional. De seguro las Farc rechazarían semejante exigencia pero quedaría claro que su concesión estaba llena de veneno y que el CD no es de por sí un obstáculo para la paz sino el fiel de la balanza para que el gobierno en su desespero no haga concesiones injustificables.Más importante que el asunto procedimental del cese al fuego es el llamado de atención que Restrepo hace sobre una eventual Asamblea Nacional Constituyente. El papel del uribismo es central para el debate nacional acerca de si a las Farc se les debe conceder una participación predeterminada en la asamblea o si debe “tener un origen trasparente nacido del voto ciudadano”.No importa que finalmente no se haga ninguna asamblea. De por sí la discusión sobre cuáles deben ser las condiciones en que luego de una desmovilización la guerrilla pueda hacer política es un asunto central en que el uribismo no puede estar ausente o atravesado sin proponer nada a cambio.

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