La amenaza real

La amenaza real

Diciembre 14, 2013 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

La democracia como una serie de arreglos institucionales tiene serios vicios en Colombia. El clientelismo, la corrupción, la violencia, el narcotráfico y demás han distorsionado los principios básicos de una representación libre de toda la población. Sin embargo, la democracia en Colombia también tiene sus virtudes. Una de esas virtudes ha sido la de establecer límites a los intentos autoritarios a nivel nacional, incluso a los intentos de determinados sectores por concentrar demasiado poder a costa del resto de actores de poder.Si bien Uribe pudo intervenir la Constitución para reelegirse en el momento que aspiró a un tercer período desde las propias instituciones democráticas cortaron sus aspiraciones. De haberlo hecho la concentración de poder en manos de una sola figura política hubiera sido un riesgo inédito para la democracia. Una cosa era que en zonas periféricas los políticos utilizaran el Estado a su antojo, otra que un político tuviera tanta influencia sobre las propias instituciones estatales del centro del país.Esta semana ha vuelto a ocurrir una prueba de fuego a las instituciones democráticas. Ordóñez dio una muestra de arbitrariedad contra las reglas del juego. Está apostando por concentrar un poder que desborda los límites institucionales de su cargo. Pero esta apuesta debe analizarse en sus justas proporciones. La destitución de Petro por el Procurador no es parte de una conspiración de la “oligarquía”. Es en realidad parte de un plan personal para imponer una agenda ultraconservadora a partir del uso autoritario de una agencia del Estado. La cuestión es sobre la virgen María y el estado católico no sobre elites y gran capital.Tatiana Acevedo en una interesante columna en El Espectador mostró cómo Ordóñez en vez de parecerse a los Santos o a los López se parece a los Turbay. Es decir, se trata de alguien proveniente de sectores medios que a través del manejo de componendas burocráticas acceden al poder e imponen una agenda conservadora. La gran diferencia para ella es que Turbay alcanzó a ser presidente. No pareciera que a Ordóñez le alcance para tanto. Su poder se reduce a lo estrictamente burocrático y a su capacidad de amenaza judicial. En una elección sus votos se quemarán como quemaba libros décadas atrás. Tanto sectarismo le asegura el rechazo de un espectro muy grande de votantes. Su poder no debe de ir más de allá de su permanencia en el cargo de procurador.Ni siquiera pareciera tener el respaldo de la oligarquía para aspirar a un cargo ejecutivo en el Estado. Las elites económicas en Colombia no necesariamente son conservadoras. No se puede olvidar que a mediados del siglo pasado respaldaron la destitución de Laureano Gómez en asocio con el establecimiento político de Bogotá. No estaban de acuerdo con el proyecto de estado corporativista católico de Laureano. No creo que hoy a Santos, Vargas Lleras y demás presidenciables de Bogotá les haga gracia que Ordóñez se atraviese en su camino. Vaya y venga que destituya a Petro pero que se quiera colar en la fila ya son palabras mayores.Habrá que ver entonces cuál será la respuesta institucional para frenar las aspiraciones de poder del Procurador. ¿Lo pondrán en su sitio el Fiscal, el Ministro de Justicia y la sociedad civil o será capaz de reclamar más víctimas antes de dejar su cargo? En concreto, ¿alcanzará a llegar hasta Sergio Fajardo?

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