Intolerancia

Intolerancia

Enero 16, 2016 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

Quienes hayan nacido antes de 1975, y tengan recuerdos de cómo era el mundo durante la Guerra Fría, seguramente son conscientes de que Occidente ha logrado enormes avances en dos aspectos que, aunque parecidos, no son la misma cosa.En primer lugar, hay un ambiente de mayor tolerancia. Al día de hoy la tendencia en la sociedad es a respetar cualquier orientación, moda y estilo de vida. Del mismo modo es inaceptable moralmente cualquier tipo de segregación por el aspecto físico, la raza o la cultura de las personas. No debería haber, en principio, ningún tipo de discriminación por ser homosexual, negro, musulmán, feo, obeso, etc.En segundo lugar, hay una actitud decidida por moderar y castigar las conductas agresivas contra el nuevo ambiente de tolerancia. Desde ataques indirectos a través del humor y el discurso público hasta agresiones explícitas como el matoneo y la discriminación abierta son severamente castigados. Los medios de comunicación, la sociedad civil y las instituciones del Estado se vienen encima de quien quiera que pretenda imponer su intolerancia. Si alguien tiene alguna indisposición por las razones mencionadas no debe manifestarlas abiertamente.El cambio es impresionante. Un ejemplo personal, del que me avergüenzo, dice mucho de cómo fueron estos cambios. Recuerdo que de niño había una casa en Cartagena que era cuidada por un jardinero. El jardinero por sus ademanes y modos de vestir era evidente que era homosexual. En la verja de la casa se solía reunir con otros trabajadores, también homosexuales. Muchas veces los niños les gritábamos ‘mariquitas’. Si los adultos nos veían rara vez nos corregían. Algunos incluso celebraban la ocurrencia. Hoy sería inaceptable que no hicieran nada.Estos cambios son sin lugar a dudas positivos. El mundo es mucho más amable sin discriminación sexual, racial o de cualquier tipo. Sin embargo, la obsesión contra la discriminación y la segregación puede llevar a situaciones en que lo que se logra es precisamente el efecto contrario. Los activistas de la tolerancia se ciegan y se convierten a sí mismos en intolerantes. Nuevas modalidades de intolerancia, invisibles por tratarse de causas que pretenden aliviar injusticias sociales, comienzan a emerger.Otro ejemplo personal. Durante mis estudios en una universidad de Estados Unidos la facultad organizaba reuniones de estudiantes. Allí se ofrecían picadas y bebidas. La moda de los vegetarianos era tan fuerte que nunca se ofrecían carnes de ningún tipo. La causa de los vegetarianos, fundada en su noción de superioridad moral por defender a los animales y a los recursos naturales, se había convertido en una forma de discriminación contra los que comíamos carne.Este ejemplo es solo anecdótico pero en la práctica se puede llegar a situaciones de clara y violenta discriminación. En Alemania pandillas de refugiados árabes violaron a varias adolescentes blancas durante las festividades de año nuevo y la prensa se resiste a profundizar en el tema por temor a incitar la xenofobia. ¿Qué hay de las víctimas de la violación? ¿Acaso no hay una clara discriminación de sus derechos?Me pregunto, ¿cuál sería la reacción de las Femen, las feministas que sabotean con sus pechos descubiertos los encuentros de políticos y poderosos, si a una de sus reuniones ingresaran hombres desnudos en actitud de protesta contra sus métodos de activismo? ¿Lo tolerarían?

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