Guerra de sociedades

Guerra de sociedades

Mayo 18, 2013 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

Es paradójico que la carátula que le dedicó Semana al Gobernador de La Guajira no haya causado un rechazo contundente de la opinión. No hubo un despliegue masivo del resto de medios para averiguar si era cierto que el mandatario era el principal mafioso del departamento. Tampoco cuestionaron al presidente Santos por tenerlo como uno de sus soportes regionales para su futura campaña de reelección. Fue necesario que se revelara un plan para asesinar a periodistas e investigadores sociales para que la opinión se movilizara. El gran error de Kiko Gómez, el gobernador, fue no ser capaz de controlar su soberbia y atreverse a desafiar un poder que pesa en el centro del país. Puede ser que en La Guajira los periodistas y los investigadores sociales sean demasiado vulnerables para influir en las decisiones importantes de la sociedad. Un atentado, un soborno, una detención arbitraria o una simple amenaza son suficientes para acallarlos. Para la propia sociedad local la denuncia de la prensa y los centros de investigación social son insignificantes. Existe la sensación de que no importan las denuncias que se hagan, la realidad va a seguir siendo la misma.Pero en Bogotá la cuestión es muy distinta. La prensa y las ONG son un poder real, tan importante como el poder económico y el poder político y de seguro más influyente que cualquier organización criminal con pretensiones de poder. Lo que publica un medio y lo que denuncia un centro de investigación se traduce en decisiones que afectan la realidad.Cuando se supo que existía un plan para asesinar a León Valencia, Ariel Ávila y Gonzalo Guillén las alarmas se activaron. Y las denuncias se convirtieron en acciones concretas. La prensa nacional apuntó sus reflectores hacia el Gobernador. El mensaje era contundente, si algo les llega a pasar a los miembros de este poder no habrá descanso hasta que el mandatario regional pague sus cuentas a la Justicia.Es muy probable que si el Gobernador hubiera mantenido un bajo perfil luego de la carátula de Semana no hubiera pasado mayor cosa. La opinión pública habría olvidado la noticia y el señor Gómez seguiría ejerciendo como si nada.En el fondo, lo sucedido es una pequeña muestra de la guerra entre las distintas sociedades que hay en Colombia y los poderes que dirigen estas sociedades. Cuando la revista Semana mostró lo que sucedía en La Guajira se estaba metiendo con el poder establecido de una sociedad periférica. Era un desafío desde una de las fuentes del poder de Bogotá. Sin embargo, los resultados del desafío fueron limitados. Más allá de la denuncia nada se hizo para cambiar la sociedad de La Guajira y su estructura de poder. Era como si existiera un consenso tácito en el centro del país de que la Guajira es así y habría mucho que hacer a costos muy altos para transformar esa realidad.Pero cuando el desafío se revirtió de la periferia al centro con el plan de asesinato la respuesta fue implacable. Los poderosos de la Guajira no pueden pretender amenazar a los poderes y al orden establecido en la sociedad bogotana. Al día de hoy, por ejemplo, Kiko Gómez ya perdió al menos el respaldo abierto del presidente Santos. Sería imperdonable hacer política con un personaje tan cuestionado por los medios.Escaramuzas como estas, entre los poderes de las distintas sociedades del país, ocurren todos los días, así poco se vean en los medios de comunicación.

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