Golpe o estallido

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La pasada reunión entre el gobierno venezolano y la oposición demostró lo...

Golpe o estallido

Abril 19, 2014 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

La pasada reunión entre el gobierno venezolano y la oposición demostró lo difícil que va resultar encontrar un punto de aproximación entre las partes. La situación pareciera no tener salida en el corto plazo. Queda al menos esperar que no desemboque en los dos extremos indeseables señalados por el líder opositor Enrique Capriles: un golpe de Estado o un estallido popular.El mensaje de Capriles a Maduro sobre la urgencia de llegar a algún acuerdo no podía ser más apropiado. Existen sectores radicales en el chavismo que desde antes de la crisis por desabastecimiento y por las protestas le apostaban a una toma absoluta del poder. Es decir, a un régimen donde la participación de sectores de oposición en las elecciones debe estar prohibida. Sería en la práctica una dictadura. La propia competencia electoral dentro del chavismo sería severamente restringida como lo es en Cuba, donde los Castros se perpetúan en el poder como una monarquía.La ambición de un golpe de Estado tiene nombre propio, Diosdado Cabello. Si Diosdado, quien cuenta con el respaldo de las Fuerzas Armadas, no ha dado el golpe no es por la oposición sino por otras fuerzas chavistas que le temen. No se equivocan, Diosdado tiene todas las características de los dictadores del siglo pasado. Más que un comunista es un tirano. Y como tal los chavistas saben que si se trepa al poder vendrá inevitablemente un proceso de purga y de exclusión del poder de cualquiera que medio le haga sombra.La crisis actual puede convertirse en la excusa perfecta para el golpe de Estado. Ante la incapacidad de Maduro de solucionar la amenaza al régimen Diosdado se ve obligado a tomar el poder para poner orden y atajar al ‘imperialismo’. Lo más probable es que al día de hoy lo que lo hace dudar sea el ambiente internacional tan hostil hacia una dictadura abierta.La otra alternativa indeseable es un estallido popular. La oposición ha llegado a su capacidad máxima de movilización. Para dar un salto cualitativo necesita movilizar a los que todavía no convencen, a los sectores más populares y excluidos de Venezuela. El chavismo a través de un clientelismo populista y la conformación de colectivos armados -en esencia grupos paramilitares- ha logrado mantener leales a estos sectores. Y, como bien dijo un dirigente del gobierno, hasta ahora el chavismo no ha querido hacer uso de su movilización masiva para confrontar en las calles a la oposición. Sería un verdadero baño de sangre.Pero la situación puede cambiar. El desabastecimiento y la progresiva quiebra fiscal del Estado puede llevar a salidas desesperadas, desde que estos sectores se alíen con la oposición para clamar por una renuncia del gobierno dada su incompetencia hasta que Maduro los use para reprimir la oposición en tercera persona al culparlos del abastecimiento.En el fondo, la ausencia de una salida se debe a que la estructura del régimen chavista reposa sobre un cimiento muy frágil. La democracia, se supone, es un sistema de gobierno donde los partidos compiten por gobernar un estado común. En el caso de Venezuela se trata de competir por gobernar un Estado ajeno. Si la oposición llega al poder lo primero que hará es desmontar el estado chavista. No se les puede pedir que gobiernen como chavistas. En respuesta, los chavistas se aferrarán con todo al poder, usarán lo que tengan a la mano desde el fraude hasta la violencia.

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