Gente de otro siglo

Gente de otro siglo

Octubre 12, 2013 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

El uso de los cargos públicos para obtener ventajas en sus aspiraciones políticas es moneda de uso corriente entre los altos cargos del país. Incluso para quien está al mando de la entidad encargada de vigilar la conducta de los servidores públicos, es decir la Procuraduría. Quizá no exista ejemplo más descarado de la utilización de las instituciones para el beneficio de la carrera propia que la amenaza velada de Ordóñez a Vargas Lleras cuando respaldó a un competidor en su reelección al cargo.Si esto ya de por sí es grave preocupan aún más las actuaciones del procurador Ordóñez cuando se miran a la luz de su agenda política. Que sea católico, que idolatre a la virgen María, que tenga una visión tradicional de la familia, que no simpatice con los homosexuales y que tenga creencias radicales no debería ser un problema. Lo problemático es cuando detrás del uso de las instituciones del estado para la promoción de una carrera política está una agenda de exclusión de un sector de la sociedad. La publicación en el portal La Silla Vacía de apartes de su tesis de grado muestra a todas luces que la democracia no estaba entre los valores políticos del procurador. Era un enemigo feroz del pluralismo, de la separación entre iglesia y Estado, del liberalismo y hasta de los judíos que mataron a Cristo. Pero es más preocupante que al día de hoy en sus declaraciones públicas el Procurador no haya despejado las dudas sobre sus actuaciones de juventud. Pareciera que todavía piensa lo mismo que entonces.¿Qué tal si Ordóñez eventualmente llegara a ser presidente de Colombia? ¿Qué garantías tendríamos quienes no compartimos su credo ideológico? ¿Podríamos esperar que respetara las reglas del juego de la democracia o que las cambiara para dejar por fuera a quienes no comparten sus posiciones ideológicas? Hasta ahora la única garantía que existe es el propio extremismo de Ordóñez que le impide superar un umbral apreciable de votos para competir en una elección presidencial. Sin embargo, hay coyunturas especiales en que personajes como él se hacen al poder.En el fondo es el mismo problema que tuvo la democracia en el siglo pasado. Existían partidos representativos de grupos específicos de la población cuyo objetivo no era gobernar dentro de las reglas del pluralismo sino usar estas reglas como un medio para apropiarse del estado. Tanto fachistas como comunistas tenían en mente aprovechar las oportunidades de la democracia para sustituirla.En ese orden de ideas el procurador se asemeja a sus opuestos en el espectro ideológico: las Farc. Una preocupación latente de la inclusión de la guerrilla en las instituciones democráticas luego de un proceso de paz es si van a respetar estas instituciones en caso de ganar las elecciones. Siempre va a estar el temor que hagan como Chávez, quien utilizó la democracia como un caballo de Troya para instaurar un régimen autoritario. En nombre del pueblo obrero y campesino de Colombia podrían excluir políticamente al resto de sectores de la sociedad. La diferencia del procurador Ordóñez con las Farc es que la exclusión sería en nombre del pueblo católico de Colombia.Pero poco importa en nombre que quien lleguen al poder. Lo que muestra la historia del corto Siglo XX de los extremos, como lo bautizó Hobsbawn, es que al final era solo un motivo para aprovechar las ventajas del poder y para perpetuarse en él.

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