Fines y medios

Fines y medios

Febrero 11, 2012 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

Se suele considerar al narcotráfico como el principal motivo para que distintas organizaciones armadas se mantengan en guerra permanente. Ahora que es evidente que las llamadas Bacrim no son un coletazo pasajero de la desmovilización paramilitar se sostiene que es imposible desarmar a estos grupos mientras exista un interés económico tan consolidado. Tanto así que el principal argumento para legalizar la droga es el fin de las mafias y ejércitos privados que se disputan las rentas del narcotráfico.Si bien tiene mucho de cierto que acumular riqueza es uno de los fines de mafias y ejércitos privados y que hacer guerra es un medio para dicha acumulación, también es posible la interpretación contraria. Acumular poder en la guerra es un fin en sí mismo y el dinero de las drogas es un medio para la acumulación de poder. Muchas conductas en apariencia irracionales de los narcotraficantes no lo son cuando se considera que su propósito no es sólo el disfrute privado de la riqueza sino la ostentación pública del poder. De hecho, es posible clasificar a los narcotraficantes entre aquellos que aspiran a obtener poder y aquellos que no.Existe un asunto emocional en la acumulación de poder. Indistintamente de las motivaciones ideológicas el ejercicio del poder llena una serie de necesidades emocionales. Ser admirado, respetado, temido o simplemente ser considerado importante por una comunidad es de por sí un motivo para hacer parte de una mafia, de un ejército privado o de una guerrilla. Las Farc, por ejemplo, no pagan salario a sus combatientes. La mayoría de sus combatientes de origen campesino no tienen mayor motivación ideológica. ¿Qué los lleva a la guerra? La oportunidad de acceder al poder es un atractivo contundente en comunidades donde los individuos están por fuera de cualquier posibilidad de estima o admiración por sus logros en la sociedad. La guerra y el narcotráfico son sólo los medios para satisfacer estas aspiraciones de admiración social desde sectores excluidos. Si no hubiera sido por ellos, individuos con origen similar a los de Escobar, Castaño y alias ‘Cuchillo’ jamás hubieran sido jugadores importantes de la política nacional.El asunto no sólo atañe a los individuos que deciden apostar por el narcotráfico como medio de acumulación de poder. Las comunidades encuentran en los hombres que se convierten en poderosos una reivindicación en el contexto nacional. La producción local de poder obliga al Estado central a mirar con otros ojos a las regiones y comunidades aisladas. A su vez la organización de ejércitos privados significa la provisión de servicios de justicia más efectivos y coherentes con las necesidades de regulación local. El control de los mototaxistas, los vendedores ambulantes y las peleas conyugales, por mencionar sólo algunas transacciones sociales, en comunidades marginales está por fuera de la capacidad del Estado. Ya va siendo hora que las políticas públicas dejen de reducir el tema de la reproducción del narcotráfico y los grupos armados irregulares a un asunto económico y consideren las aspiraciones políticas de las comunidades. Así sean precarias en su naturaleza y modos, la historia nos ha demostrado que han sido bastante efectivas para dotar de poder a sus miembros.

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