Farcpolítica

Mayo 05, 2012 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

La farcpolítica sí existe. No es un invento de conspiradores de derecha. Sin embargo, presenta ciertos elementos que la hacen diferente a la parapolítica. Aunque soy pesimista sobre las posibilidades de Santos de negociar la paz con las Farc, estos elementos van a ser importantes ahora que se rumora sobre conversaciones secretas.No es nada nuevo que la clase política se alíe con criminales para lograr mayorías electorales. Figuras tan prestigiosas como Álvaro Gómez y Hernando Durán Dussan, candidatos presidenciales por el Partido Conservador y Liberal, tuvieron sus devaneos. Gómez con Leonardo Espinosa, el siniestro gamonal de Trujillo, y Durán Dussan con narcotraficantes del Meta como el ‘Mexicano’ Rodríguez Gacha. Los libros de Atehortúa y Dudley así lo documentan.La parapolítica no fue más que una repetición en escala local pero más extendida de este fenómeno. También fue la repetición de una forma de apropiación de las rentas públicas y del uso del poder político y de la violencia privada para controlar las principales fuentes de riqueza en las regiones de Colombia.Las guerrillas no han sido ajenas a estas prácticas. Recurrentemente se han nutrido de los recursos del Estado. Las alianzas se han realizado incluso con miembros de los partidos tradicionales. La masacre del clan liberal de los Turbay Cote fue una conspiración entre un político conservador de Caquetá y las Farc. No hay razones además para que dejen de aliarse con la clase política. La oportunidad está servida con el marco institucional de la descentralización. Serían tontos si no lo hicieran ahora cuando su suerte militar pareciera estar echada.Lo que verdaderamente diferencia a la farcpolítica de la parapolítica no son las relaciones en lo local sino las implicaciones en la gran política nacional. La guerrilla, a diferencia de los paramilitares, sí pretende apoderarse del poder central para transformar ambos, Estado y sociedad. Las contradicciones con el poder central son tan fuertes que hacen inviable adoptar una postura tolerante con las alianzas políticas en el plano regional. Mientras que un parapolítico a cambio de entregar sus votos no aspira a suplir la estructura del Estado y se conforma con concesiones burocráticas y presupuestales, un farcpolítico está sembrando la semilla de su propia destrucción.Una consecuencia de esta contradicción es que la farcpolítica es un fenómeno menos extendido que la parapolítica. Los políticos profesionales saben muy bien que su capacidad de negociación con el centro del país es superior si se alían con los enemigos de los enemigos del Estado. Pero paradójicamente otra consecuencia es que la farcpolítica sí tiene asidero en sectores ideologizados del centro que creen todavía en una revolución comunista. Para ellos el tema no es la política menuda de elecciones a un Concejo sino de los medios más efectivos para fines políticos en gran escala. El dilema del ejército subversivo es sobre hasta qué punto es el medio adecuado para hacerse al poder del Estado, no si la violencia es un medio legítimo.Si la capacidad de interlocución de estos sectores se funda de manera indirecta en las armas, ¿cómo va a ser tratada su situación en un eventual proceso de paz? Ya la detención de tantos parapolíticos demostró que para la salud de la democracia no es conveniente que estas relaciones pasen de agache en el proceso.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad