Falta poco

Falta poco

Agosto 27, 2016 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

Finalmente el presidente Santos pudo materializar su principal propósito de gobierno. Si no hubiera firmado la paz con las Farc habría pasado a la historia como un mandato frustrado. No solo habría fracasado luego de cuatro años de intenso desgaste en La Habana sino que no tendría nada con qué maquillar un desempeño bastante mediocre en muchas áreas de gobierno.Pero la tarea aún no está completa. A Santos le falta firmar el acuerdo con la sociedad, es decir, le falta ganar el plebiscito. Y aunque dispone del respaldo del grueso de la clase política, de la mermelada y de la mayoría de medios y de formadores de opinión, no ha logrado construir un discurso contundente. Sorprende que todavía gran parte de la sociedad sea reacia y/o escéptica frente a un anuncio que en principio debería ser un motivo generalizado de celebración.La gran falla de Santos hasta el momento ha sido su incapacidad de convencer al país de la afirmación que hizo De la Calle, que éste era el mejor acuerdo que se podía alcanzar. A eso habría que agregar, por la coyuntura reciente del debate, convencer que el ‘no’ no conduciría a un nuevo acuerdo que mejore significativamente lo ya alcanzado. Supondría más bien un nuevo desgaste, casi dos años mientras comienza el siguiente gobierno más lo que se demore la renegociación, y un riesgo enorme que al final no se acuerde nada y se pierda la oportunidad de desmovilizar alrededor de 15.000 guerrilleros y milicianos.Además, lo adicional que podría lograrse en un nuevo proceso responde más a temas simbólicos concernientes a la situación jurídica de los mandos de las Farc que a concesiones políticas y económicas de fondo. Bien podría imponerse una cárcel efectiva, un mayor compromiso en la reparación material de las víctimas de las Farc y dejar pasar un tiempo para que los miembros del secretariado ocupen curules en el Congreso. Pero nada de eso cambiaría la incidencia que irían a tener las Farc en la vida política del país: el número de curules y el movimiento político en la legalidad serían muy similares, así como las zonas de reserva campesina y las circunscripciones especiales.Son concesiones que se pueden dar en el marco de un proceso sin poner en riesgo el régimen político, las libertades esenciales y la estabilidad económica del país. Los riesgos no están en los acuerdos, sea el de Santos o aquel que eventualmente se renegocie si gana el ‘no’. Están en realidad en otra parte, en la arena política posterior a la implementación de los acuerdos.Si una izquierda radical gana una elección presidencial o si un presidente no es lo suficientemente decidido para evitar que los operadores de la justicia persigan a empresarios de buena fe y rompan las garantías para la inversión privada, el riesgo de un cambio por fuera de lo tolerable en una negociación de paz sí sería un asunto real. Sin embargo, estas circunstancias no corresponden en sí a decisiones que sean producto de los acuerdos. Pueden ocurrir con o sin proceso de paz. Es así que muchos empresarios apuestan hoy por el ‘no’ no tanto por el contenido de los acuerdos sino porque les preocupa la forma en que los tribunales, sin que hayan empezado a implementarse los acuerdos, dictan sentencias que afectan sus inversiones.Falta poco, pero Santos está obligado a lanzar los mensajes claves para que quienes desconfían de los acuerdos se comprometan definitivamente con la paz.Sigue en Twitter @gusduncan

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