Expresidentes

Marzo 30, 2013 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

En las semanas pasadas dos expresidentes salieron al ruedo en temas estratégicos para el país. Lo hicieron además en temas álgidos de sus respectivos gobiernos. Y aunque están en todo su derecho de decir lo que quieran, sus intervenciones en vez de reconciliarlos con la opinión pública empobrecen aún más su imagen.Samper pretende rencaucharse con un libro sobre la legalización de la droga. El tema no está mal en sí mismo, sobre todo ahora que en Estados Unidos existe el ambiente político para que la marihuana deje de ser criminalizada. Es loable que el expresidente se sume a una causa que podría contribuir a aliviar una de las principales causas de nuestra violencia. Pero el problema es precisamente que Samper es de los menos indicados para defender la causa.El principal argumento a favor de la legalización es la reducción de la violencia y la corrupción asociada a la competencia criminal por el control de la producción y tráfico de drogas. A Samper lo primero que le van a sacar en cara es que él hizo parte de la trama de corrupción que permitió a los narcotraficantes prosperar en Colombia. Su trayectoria política tiene muchos cuestionamientos al respecto, desde la reunión en el Hotel Intercontinental cuando era gerente de la campaña de López en 1982 hasta el proceso 8.000.Me temo que su mayor logro no va a ser el respaldo a la legalización sino confundir el debate de la legalización con el de la legitimación de un mandato malogrado. Como siempre pasa con Samper las buenas causas terminan por convertirse en causas para salvar su pellejo.Con Pastrana pasa todavía algo peor. El proceso del Caguán fue una colección de todos los ‘no debes hacer’ para negociar con tu enemigo. Los funcionarios nombrados, las concesiones territoriales, las condiciones para mantenerse en la mesa e incluso la incapacidad para controlar la expansión paramilitar, son una muestra de la incompetencia de Pastrana. De hecho es difícil encontrar en la historia de los gobiernos recientes de Colombia uno tan incompetente y tan impopular.A pesar de su impopularidad Pastrana insiste en salir a los medios a reivindicar su legado. Con una pose de estadista de talla mundial anuncia que su gobierno hizo lo que tocaba hacer en tiempos y circunstancias complicadas para el país y que gracias a los sacrificios que nos impuso durante su gestión podemos hoy recoger los frutos de la prosperidad y la pacificación.La verdad es que con Pastrana uno no sabe si indignarse o si tener compasión. Pero hay una constante en sus actuaciones públicas que hacen que uno opte por lo primero: la pretensión de poseer cualidades morales superiores al resto de participantes en el debate público. La salida ante cualquiera que cuestione su gobierno es marcar distancias bajo el argumento que no tiene los atributos morales para ser su interlocutor. El último caso fue el del exministro Carrillo a quien acusó de camarero de Pablo Escobar. ¿Qué tal que ante cada cuestionamiento de Pastrana los actuales funcionarios salieran a decir que ellos no se van a rebajar a debatir con la lavandera de ‘Tirofijo’?Lo que más indigna es que su gobierno no estuvo exento de escándalos de corrupción. No hay que olvidar que Pastrana hizo famoso a Javier Cáceres por los debates de Dragacol, del sastre de palacio y demás funcionarios y financiadores de su campaña que se vieron favorecidos durante su mandato.

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