Exceso de autoridad

Exceso de autoridad

Octubre 26, 2013 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

Si un extranjero echara una mirada desprevenida a ciertos videos en YouTube de la Policía colombiana lo último que imaginaria es que este es el país de los falsos positivos, de las alianzas con paramilitares y narcos y de violaciones a los derechos humanos. Se encontraría con que un par de borrachos en un carro blindado pueden huir a 10 kms por hora e invadir una base militar sin que siquiera los esposen cuando los detienen. Más aún, al día siguiente son liberados.Encontraría también videos de motociclistas y transeúntes agarrándose a trompadas con los agentes mientras la gente celebra como si se tratara de lucha libre. De nuevo quienes se resisten a la Policía no acaban en prisión. El extranjero creería que en Colombia hay un exceso de la autoridad pero no en su capacidad represiva sino en su laxitud para vigilar y controlar a la población civil.Por supuesto esta impresión es solo parcial. En YouTube también están los videos de policías reprimiendo a campesinos, manifestantes, delincuentes comunes y demás. Lo que se preguntaría el extranjero es más bien por la actuación tan diferenciada de la Policía. ¿Por qué a veces son notorios sus excesos en contra de la población y otras veces lo contrario, se convierten en caricaturas por la excesiva debilidad para reprimir a quienes infringen la ley?Aunque un sondeo de casi un centenar de videos de YouTube no permite sacar conclusiones rigurosas sobre las razones de tantos extremos y qué tan significativos son los excesos de represión y de laxitud puede especularse sobre dos intuiciones preliminares.En primer lugar, los abusos de fuerza suelen tener como objeto sectores marginales en situaciones donde existe una amenaza colectiva al orden establecido. Bien sean manifestaciones, bloqueos de vías o pandillas de criminales que azotan la comunidad, los excesos ocurren en medio de episodios tensos en que la situación amenaza con salirse de control. Pareciera que los excesos son aceptables en aquellas circunstancias en que el desorden de un sector marginal de la sociedad puede potencialmente contagiar a la parte de la sociedad donde mal que bien las cosas funcionan.En segundo lugar, no necesariamente son los ricos y los poderosos quienes abusan de la autoridad. Es cierto que el senador Merlano y el concejal de Chía sintieron que podían pasarse por la faja las leyes por su posición, pero los videos muestran del mismo modo a muchos ciudadanos comunes y corrientes que agreden a la Policía sin que exista una retaliación proporcional al desafío que plantean a la autoridad. El motociclista que casi noquea al agente que lo detuvo por una infracción de tránsito y el dueño de un perro pitbull que abofeteó a un patrullero que intervino por la agresividad del animal de seguro no eran ni ricos ni poderosos.La diferencia pareciera provenir del lugar de los acontecimientos. Los ciudadanos comunes y corrientes pueden golpear a la policía siempre y cuando lo hagan en barrios transitados, en grandes ciudades, donde las calles están pavimentadas y existe comercio formal. Mientras no se amenace con alterar el orden establecido no es mayor cosa.No sé si sea una exageración afirmar que la división de Colombia entre un país donde existe conciencia de los derechos que otorga la inclusión en el estado y un país excluido de estos derechos se refleja hasta en la forma como ocurren los excesos de la Policía.

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