Estado y capital

Diciembre 21, 2013 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

El Siglo XX se aburrió de demostrarles a los marxistas ortodoxos que el Estado no es una simple herramienta de quienes controlan los medios de producción. Quienes controlan el Estado en muchas circunstancias pueden hacerse al control de la economía. En estos casos es el poder político que se desprende del mando sobre los medios burocráticos y coercitivos lo que determina no solo cómo se produce la riqueza sino también cómo se distribuye.La historia del paramilitarismo en Colombia tiene mucho que decir al respecto. A principios de los 80, como bien señala la izquierda, las fuerzas de seguridad del Estado organizaron a la población civil para reprimir una insurgencia que amenazaba la propiedad de las elites económicas. Pero rápidamente estas organizaciones rebasaron su papel instrumental.Quienes tomaron las armas para enfrentarse a la guerrilla fueron campesinos pobres y medios. Así las elites económicas pagaran la cuenta de la guerra, la conformación de ejércitos privados le permitió a estos campesinos controlar un medio de acceso al poder a una escala desconocida en larga historia de la violencia rural en Colombia.Poco tiempo después otra circunstancia contribuiría a la concentración de poder en manos de los guerreros. Las drogas se convirtieron en la principal fuente de capital de las zonas rurales. Si bien narcotraficantes como ‘el Mexicano’ no tuvieron mayores problemas en controlar los ejércitos paramilitares, en el largo plazo quienes hacían la guerra en el terreno pudieron imponer sus condiciones a los narcotraficantes. El poder de los medios coercitivos se impuso sobre el poder de los medios económicos.La creciente amenaza de la guerrilla evitó que los potenciales desencuentros entre los paramilitares, las elites económicas y la burocracia y las fuerzas de seguridad del Estado llevaran a un enfrentamiento entre las partes. La evidente motivación del paramilitarismo como un medio para controlar las rentas del narcotráfico fue soslayada por su papel en la contención de las Farc, que entonces eran la principal amenaza para el establecimiento económico y político.Pero tan pronto como las Farc fueron contenidas durante el gobierno Uribe, el establecimiento puso límites a las aspiraciones de poder de los paramilitares. Su poder económico no podía materializarse en un poder político que desplazara el poder de las elites políticas y económicas de la legalidad. Fueron desmovilizados y extraditados.Lo que quedó de la purga fue la demostración que la organización de la violencia era el verdadero poder que hacia posible la reproducción del narcotráfico al margen las capturas y decomisos y que determinaba la forma de distribución de las ganancias del negocio. Más aún, al analizar la nueva generación de paramilitares, las Bacrim, es claro que están compuestas por los sectores más marginales del orden social. Luego de tanta guerra el conocimiento y las habilidades para ejercer el poder político desde la organización de la violencia estuvieron disponibles para ellos incluso en cantidades radicalmente superiores que a mediados de los 80.Los Usugas, los señores de la R, los puntillas y demás pudieron hacerse al control de enormes volúmenes de capital porque, a diferencia de lo que plantea el marxismo ortodoxo, pudieron convertirse en la autoridad, en un Estado en la práctica de numerosas regiones de Colombia.

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