Embarrada antológica

Abril 26, 2014 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

El fallecimiento de García Márquez no es solo el final de uno de los más grandes novelistas de la historia, es también la partida de un personaje central en la construcción de la idea de nación en Colombia. Es muy probable que desde un punto de vista literario su novela más importante sea El otoño del patriarca. Pero este valor es irrelevante cuando se compara con la capacidad que tiene Cien años de soledad de suscitar toda una serie de elementos de identidad nacional.Sentir que uno proviene de comunidades que apenas se están integrando al mundo y de la estirpe de coroneles rimbombantes que pelearon inútiles y sangrientas guerras civiles, ya es parte de nuestro genoma. Y todo ese sentimiento se lo debemos a García Márquez. Por algo ser colombiano es un poco ser de Macondo.Por supuesto, la capacidad abrumadora de construir los elementos que definen la idea de nación genera también reacciones encontradas. Muchos otros elementos que en principio son parte de nuestra identidad quedan marginados porque no existe una figura como García Márquez que los convierta en parte de los sentimientos compartidos. Están allí pero no existe ninguna novela, ninguna canción, ni ninguna obra de arte que los visibilice. Harán parte de aquel olvido tan recurrente en las novelas de García Márquez.Sucede de igual modo que los elementos que definen la identidad colombiana no son del agrado de una parte de la comunidad. Incluso sucede que lo que simboliza García Márquez como personaje público es justo lo opuesto de lo que desearían que fuera uno de los mitos sobre los que reposa nuestro sentimiento de nación. Las críticas no deben suponer nada de malo. Las naciones no son objetos monolíticos sino organismos en permanente transformación por la acción de sus partes.Pero lo que sí fue una embarrada antológica fue el trino de María Fernanda Cabal donde deseaba que García Márquez se pudriera en el infierno con Fidel Castro. Cabal no es una colombiana del montón, es una representante de la segunda fuerza política del país. Como tal debe distinguir entre los intereses nacionales y los intereses de su sector político. Cuando mandó al infierno a García Márquez mandó al infierno a un sentimiento nacional, con lo que de paso se mandó al infierno a ella misma.Su mensaje no pudo ser más inoportuno y peor transmitido. Palabras más palabras menos le dijo al país que se olvidaran de las mariposas amarillas y se acordaran que el Nobel fue un comunista irredento. Por consiguiente, no merece hacer parte de nuestra celebración de sentimientos como nación, así que excluyámoslo.El tema que trajo en consideración Cabal no es que no se pueda discutir. Lo que no se puede es hacerlo de ese modo, en plena campaña presidencial, con un candidato que a duras penas le alcanza para ser tercero en la contienda. Ahora la pelea no es por sumar más votos, es por no perder los pocos que hay. Tanto problema cuando le hubiera bastado con decir que se quedaba con el Gabo de Macondo no con el amigo de Fidel. Hasta la hubieran aplaudido.En últimas esto es el resultado del abandono de la clase política a Álvaro Uribe. Antes cuando tenía el poder en sus manos estaba rodeado de curtidos profesionales de la política, ahora le toca hacer lo que puede con principiantes y fanáticos. No hay que leer a García Márquez para comprender el sentimiento de soledad que debe tener en estos momentos.

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