El soldado es el juez

El soldado es el juez

Marzo 01, 2014 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

El soldado es el juez en Venezuela. En las manos de las Fuerzas Armadas está la decisión final de tumbar o mantener en el poder al chavismo. Pero esta decisión no es autónoma. Los militares tomarán partido según los pulsos de fuerza entre el gobierno y la oposición. Si perciben señales que Maduro no tiene la capacidad de mantener las cosas en orden tendrán que intervenir.Una opción es apoyar al ala más radical del chavismo. Los generales ‘llaman a retiro’ a Maduro y respaldan la llegada al poder de Diosdado Cabello. Ya en el poder el señor Cabello se encarga de acabar lo poco que queda de democracia en Venezuela y recorta las libertades civiles al máximo. Es la ruta segura hacia un autoritarismo abierto con pretensiones totalitarias. Y es la razón por la que el líder de la oposición Henrique Capriles pide mesura a los manifestantes: “El Maduro vete ya puede terminar significando Diosdado vente ya (...) El Gobierno habla de golpe y yo les pregunto: es golpe o es autogolpe”.Otra opción es respaldar las demandas de la oposición bien sea para convocar un golpe ante la incompetencia y la corrupción del gobierno de Maduro o de obligar al gobierno a sentarse a pactar una transición hacia una verdadera democracia. Esta opción solo es factible si las Fuerzas Armadas calculan que cualquier vertiente del chavismo en el gobierno es inviable.Existen razones de mucho peso para que los soldados se conviertan en jueces de lo que vaya a ocurrir en Venezuela. Está la razón natural. Las Fuerzas Armadas son la instancia última de cualquier sociedad para imponer orden cuando la situación se sale de todo control. La misma sociedad, si las cosas se agravan aún más, le pedirá que intervenga.Está también una razón instrumental. El generalato venezolano, al igual que los boliburgueses, está metido hasta los tuétanos en actividades ilícitas. Y en su caso particular, por manejar el aparato coercitivo del Estado, está metido en la protección de todo el tráfico de drogas que atraviesa Venezuela. Una de sus prioridades es, por consiguiente, garantizar que el gobierno que suceda a la crisis sin importar su naturaleza ideológica les dé un buen trato a su riqueza y a su situación judicial.Pero aunque el soldado es el juez no necesariamente es el jurado. Quien define los pulsos entre el gobierno y la oposición son las fuerzas sociales que participan en la protesta. Hasta ahora la oposición tiene el respaldo de los ricos y de las clases medias. Los universitarios, pese a que reclaman ser parte del pueblo, son en su mayor parte originarios de clases medias.En cambio los Tupamaros y demás colectivos armados del chavismo, así sean hordas de criminales, tienen un origen genuinamente popular. Provienen de los cerros y tugurios de Caracas donde la situación social es la más precaria de todas. Allí el chavismo ha sabido ganarse una base de respaldo popular al invertir los recursos que la ‘robolución’ no despilfarró. Esta base ha dado sus frutos pues hoy en día es la que los sostiene en el poder. El día que se sumen a las protestas de la oposición veremos a Maduro, Cabello y compañía pelear a puño limpio por un cupo en el próximo avión a La Habana.Capriles ha comprendido está situación, por eso en vez de llamar al desorden convoca a su causa a quienes son los únicos que pueden ofrecerle una oportunidad real de derrocar a Maduro: los sectores populares.

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