El plan B

Octubre 15, 2016 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

El Plan A del uribismo era tratar de perder por una diferencia razonable el plebiscito para posicionar un candidato a la campaña presidencial del 2018 sobre la base de la propiedad del ‘no’. La idea era que quedara claro que era la principal fuerza política que se oponía a las concesiones realizadas por el gobierno a las Farc, las que seguramente iban a ser cada vez más impopulares a medida que se implementaran los acuerdos y el país viera a los guerrilleros haciendo política sin mostrar mayor arrepentimiento.Un escenario así, dadas las circunstancias tan poco favorables de no tener una figura presidenciable de peso, iba a ser el más conveniente para la proyección de un candidato. El problema era que como el plan estaba basado en el peor escenario posible, el de la derrota en el plebiscito, poco se preocuparon en tener un Plan B en caso que ganara el ‘sí’.En principio, podría parecer la situación ideal. Diseñar un Plan B en condiciones mejores a las presupuestadas es más fácil que hacerlo cuando las cosas van a peor. El domingo 2 de octubre por la mañana el panorama presidencial gravitaba en torno a dos figuras que opacaban al uribismo. Hacia la izquierda estaba Humberto de la Calle que se suponía iba a salir tan fortalecido por haber logrado firmar la paz que era el candidato obvio. ¿Qué mejor presidente para implementar los acuerdos que aquel quien los negoció?Hacia la derecha estaba Vargas Lleras aglutinando las posiciones críticas a los acuerdos desde el gobierno de Santos. Si bien en lo ideológico podía ser cercano al uribismo, era también su principal rival porque era un candidato con mayor capacidad de convocatoria de votos hacia el centro del espectro. Se avizoraba un escenario en que el candidato uribista iba a ser absorbido en una segunda vuelta por Vargas Lleras.Todo cambió ese mismo domingo por la tarde. Ahora, la candidatura de Humberto de la Calle está en suspenso hasta que no se resuelva el proceso de paz y ya no podrá decir que él logró el mejor acuerdo posible y, por su parte, Vargas Lleras dejó de ser el propietario del voto inconforme con los acuerdos. Los inconformes moderados no eran tantos como se suponía por lo que el Uribismo puede reclamar la representación de quienes se oponen a los términos del acuerdo.Sin embargo, con la victoria del ‘no’ el uribismo se encuentra arrojado a un dilema que si no sabe manejarlo puede convertirse en un lastre para sus aspiraciones presidenciales y, sobre todo, para las aspiraciones de paz del país. Para proyectar sus candidatos lo más conveniente es alargar la mayor cantidad de tiempo posible la firma de un acuerdo final. De ese modo estarán en el centro del debate y la agenda política. Pero si se exceden pueden dañar irreversiblemente el proceso de paz y eso nunca se lo va a perdonar la sociedad a Uribe.Los tiempos para salvar el proceso son exiguos. Ni siquiera dependen de la voluntad para renegociar de los mandos de las Farc en La Habana. No es claro por cuánto tiempo más podrán seguir manteniendo la unidad de la tropa rasa en Colombia. Sin un horizonte claro y con muchos temores de perder todo lo prometido por sus líderes, estarán tentados a hacer parte de las bandas que se disputan las economías criminales en las regiones colombianas a medida que las Farc salen del tablero de la guerra.Hoy, más que nunca, a Uribe le toca anteponer el país a sus intereses políticos.Sigue en Twitter @gusduncan

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