El narco como política

El narco como política

Diciembre 13, 2014 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

Por supuesto que el narcotráfico es parte central de la política en Colombia, pero las razones por las que se va a considerar como un delito político no corresponden a su papel en la definición de las relaciones de poder sino a la coyuntura concreta de la negociación. Simplemente se reconoce que las Farc utilizaron el narcotráfico por motivos políticos porque de lo contrario la negociación sería inviable.Desde la óptica de sus intereses las Farc tienen buenos motivos para no comprometerse en un acuerdo si no se blindan contra eventuales penas por narcotráfico. De ser así cualquier concesión hecha en La Habana sería desvirtuada en una cárcel de EE.UU. El precedente de los paramilitares extraditados por Uribe demuestra que el tema de la extradición no puede dejarse en manos de una promesa presidencial. Para tener garantías hay que tener un soporte legal a toda prueba.Las Farc han demostrado, además, ser más hábiles en las negociaciones que las autodefensas. Sus líderes cuentan con mayor formación política y se trata de una estructura vertical con un objetivo político nacional. Algo muy distinto a la coalición de ejércitos privados que eran las autodefensas, cuyos intereses políticos eran de una naturaleza más local y cuya capacidad de negociación se veía disminuida por la feroz competencia interna.Santos sabe entonces que si quiere sacar adelante el proceso tendrá que pagar el precio político que significa concederle a las Farc que su participación en el narcotráfico fue de carácter político. Porque si bien desde el punto de vista sociológico es fácil reconocer que las drogas son parte central de las relaciones de poder en nuestra sociedad, para la opinión es inaceptable que toda la criminalidad de la que han abusado las Farc sea exculpada en nombre de sus ideales revolucionarios.La prueba de que el gobierno es consciente del costo que tiene la concesión del narcotráfico como delito político es que ha sido enfático en señalar que no se va a extender a las Bacrim y demás organizaciones narco-paramilitares. Todo esto a pesar de que no debería haber mayores diferencias en la consideración política del narcotráfico entre ambos tipos de organizaciones.Las guerrillas han argumentado que en su caso el narcotráfico fue utilizado para un fin altruista, el logro de una sociedad más justa, no para fines individuales. Eso en principio los diferencia de los puros delincuentes. Pero omiten las ganancias individuales implícitas en su altruista objetivo político. Si su revolución triunfa la dirigencia guerrillera se va a convertir en la nueva elite política y económica de la sociedad. La evidencia sobra de líderes comunistas que han utilizado el gobierno para satisfacer sus caprichos individuales, hasta los más extravagantes. Más aún, si algo muestra también la evidencia es que estas sociedades están lejos de ser más justas.Por su parte los ejércitos privados del narcotráfico hacen exactamente lo mismo, con la diferencia que no tienen que esperar a hacer la revolución para disfrutar. Utilizan las rentas de la droga para convertirse de manera inmediata en la elite política y económica de las sociedades regionales que ellos controlan por las armas.El asunto obedece entonces a la coyuntura de la negociación, no tanto a la validez de algún argumento filosófico o jurídico que amerite atribuir un carácter político al narcotráfico.

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