El enemigo son ellos mismos

El enemigo son ellos mismos

Abril 20, 2013 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

El triunfo de Maduro en realidad no fue triunfo. Es un presagio del calvario que se avecina para asegurar su capacidad de mantenerse en el poder. Aún suponiendo que las elecciones no fueron robadas el margen de victoria tan estrecho muestra que el chavismo es una fuerza cuyos soportes sociales están en retroceso. Y la principal amenaza para Maduro no es en sí misma la oposición liderada por Capriles sino la incapacidad de la dirigencia chavista de proveer las demandas elementales de sus seguidores.Pese al gran resultado del domingo Capriles no tiene mayor capacidad para revertir los resultados, mucho menos para inducir un colapso del chavismo. No dispone ni de la organización, ni de los recursos, ni de las armas y ni siquiera del respaldo popular para poner en aprietos al Gobierno. La forma descarada como Maduro utilizó toda la infraestructura estatal para ganar las elecciones es diciente que la desventaja de Capriles en cuanto a los medios que dispone para alcanzar el poder. Por más que proteste, movilice a la mitad de la población que lo respalda y gane la solidaridad internacional simplemente no tiene ni cómo ni con qué.A tal extremo llega la impotencia de la oposición que los chavistas se dan el lujo de la burla y la humillación pública. Diosdado Cabello de manera olímpica les negó el derecho a la palabra en la Asamblea Nacional mientras no reconocieran el triunfo de Maduro. Los acusó además de incitar a la violencia al tiempo que un diputado antichavista recibía un lamparazo en el ojo. Sin embargo, existe una fuerza que el Gobierno no puede pasar por alto. El soporte del régimen son las masas de pobres, malandros y miserables que encontraron en la redistribución de las rentas del petróleo un alivio desconocido a sus condiciones de vida. Mientras el Gobierno garantice la provisión de las demandas sociales de estos grupos la continuidad del chavismo está asegurada. Los votos, las manifestaciones, las milicias armadas y la lealtad del chavismo raso son suficientes para que las distintas camarillas del Gobierno sigan enriqueciéndose y disfrutando del poder.El problema es que la corrupción y la incompetencia han conducido a una situación en que el presupuesto estatal no está en condiciones de financiar la provisión de las demandas de todos los sectores recién incluidos. La inminente crisis económica, presagiada por analistas y por sectores del Gobierno, apunta a un deterioro progresivo del gasto social instaurado por Chávez. Es una bomba a punto de estallar y una protesta de sus propias bases sociales sí tendría un efecto devastador. Sin los votos, sin las milicias y sin las manifestaciones de apoyo del chavismo raso y sin un respaldo incondicional de los militares y burócratas que querrán sobrevivir al final del chavismo, el gobierno de Maduro se desmoronaría en cuestión de meses.De hecho la única forma en que Capriles y la oposición podrían disponer de la fuerza suficiente para deponer a Maduro es que las movilizaciones masivas de la mitad más pobre de la población lleven a un resquebrajamiento entre las facciones que componen el chavismo. Militares, burócratas, contratistas y políticos de carrera no se van a inmolar con los Maduros, los Cabellos y los herederos de Chávez que pasaron el punto de no retorno.Capriles deberá estar listo para cuando la bomba estalle.

VER COMENTARIOS
Columnistas