El efecto CIA

Diciembre 28, 2013 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

El reportaje del Washington Post sobre el papel de la CIA en la eliminación de los mandos de las Farc plantea una hipótesis, bastante simplista, que de hacer carrera puede poner en riesgo los avances en seguridad logrados en la última década. La hipótesis es que el cambio del equilibrio militar contra las Farc se debió en su mayor parte a la intervención del servicio secreto de EE. UU.La izquierda y los contradictores de Uribe van a estar tentados a acoger esta hipótesis porque confirmaría que la estrategia que anteponía la confrontación militar a la negociación política fue innecesaria. Todos los recursos y el esfuerzo empleado en el sometimiento de la guerrilla al final fueron un desperdicio porque la variable que marcó la diferencia fue la inteligencia y la chequera de la CIA.Una lectura minuciosa del Washington Post demuestra lo apresurado que resultan semejantes conclusiones. La ayuda prestada por la CIA, Israel y Gran Bretaña se centró en la infraestructura tecnológica concerniente a un aspecto específico de la guerra: la eliminación de altos mandos guerrilleros. Las bombas Paveway II y el soporte de inteligencia satelital marcaron la diferencia solo en ese aspecto. En otros aspectos mucho más importantes para la seguridad cotidiana de los colombianos, como el despliegue de la policía y el ejército a lo largo del territorio, la contribución de la CIA fue irrelevante.De hecho, cuando se pone en marcha el soporte tecnológico de la CIA en 2006 ya las fuerzas de seguridad colombianas llevaban cuatro años de enormes progresos. Las Farc habían sido replegadas hacia territorios remotos donde la autoridad del estado era inviable por la propia criminalización que se ha hecho de los colonos sembradores de coca.Así muchas regiones donde las Farc fueron expulsadas quedaran bajo el dominio de mafias y ejércitos privados, la llegada de la fuerza pública significó un alivio sin precedentes. La desigualdad, la pobreza y la corrupción continuaban siendo problemas irresueltos pero la población, y sobre todo la población más pobre, se encontraba ahora en una situación incomparable con la zozobra anterior. Las masacres, secuestros, desplazamiento, desapariciones y homicidios se redujeron a niveles desconocidos en las últimas décadas de conflicto interno.Estos avances obedecieron a un tipo de inversión más costosa, sin grandes secretos tecnológicos, que no fue el resultado de ningún plan internacional. Fue simplemente que el estado colombiano se puso a la tarea de reunir los recursos para llevar la fuerza pública a la mayor cantidad posible de territorio.Y si bien es posible argumentar que la jefatura de las Farc optó por negociar porque por primera vez sintieron que su integridad física estaba en juego, lo cierto es que las operaciones de eliminación de altos mandos se debieron al repliegue militar de la guerrilla. Sin su expulsión a espacios territoriales muy concretos los bombardeos de precisión con las Paveway II y la inteligencia satelital hubieran sido inútiles.La discusión sobre el papel que deben tener las agencias de seguridad de terceros países en Colombia es válida. Sin embargo, esta discusión no debe llevar a que el efecto CIA nos lleve a perder la perspectiva de los logros en seguridad. Más ahora que con la proliferación de Bacrim si algo se va a necesitar va a ser un despliegue aun mayor de fuerza pública en el territorio.

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