El despojo

El despojo

Marzo 02, 2013 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

Alrededor de la guerra en Colombia se ha dado un despojo de tierras que nadie medianamente objetivo pone en duda. Los testimonios, los desplazados, los ginis de tierra (indicadores de desigualdad) y las investigaciones periodísticas y judiciales están disponibles para cualquiera que ponga el tema en tela de juicio. La discusión es más bien en torno a los responsables y a quién debe resarcir los daños causados.Las Farc ciertamente han contribuido al despojo. Hace ya varios años para una investigación sobre la guerra en el Meta recuerdo que estimamos el gini de tierras en los municipios que hicieron parte de la zona de despeje y con sorpresa descubrimos que la concentración era peor después del fallido proceso del Caguán. Las Farc habían titulado a nombre de sus testaferros numerosas propiedades.Pese a esta evidencia es incorrecto llegar a la conclusión que los grandes acumuladores de tierra durante todas estas décadas de guerras fueron las Farc. Cualquier medición de la concentración de tierras y de testimonios sobre el despojo demuestra que los grandes beneficiarios están por el lado de los paramilitares. En particular de empresarios, políticos y terratenientes oportunistas que se hicieron a enormes extensiones de tierras en las zonas donde los paramilitares impusieron su control territorial. Compraban predios a precios ridículos, cuando no expropiaban a la fuerza, y se ganaban la valorización de la expulsión de la guerrilla. Esto no es deducción mía. Lo han admitido los propios paramilitares que ahora ven cómo sus antiguos aliados se lavan las manos.Por eso es incomprensible el esfuerzo del Gobierno de cuestionar a las Farc por el despojo de la tierra en Colombia. Si hay un tema que ‘Márquez’ y compañía puedan sortear ante la opinión es ese. Es un despropósito que los pongan a responder por algo en que su responsabilidad es menor en relación a otros actores y a otros temas por lo que realmente le deben una respuesta al país. Por ejemplo, el secuestro y cualquier cantidad de violaciones a los derechos humanos, incluso tanto o más que los paramilitares.A quien más beneficia que el tema del despojo se enfrasque en la agenda de negociación con las Farc es precisamente a quienes se quedaron con la tierra. Mientras la guerrilla responde ellos pasan de agache, sin mayor desgaste político. Incluso la oposición puede usar el asunto para vapulear a Santos.En el fondo todo el problema lo armó el Gobierno al no medir las consecuencias que iba a tener la estrategia de arrinconar mediáticamente a las Farc con el tema de tierras. El tiro le salió por la culata. Santos, quien se presumía iba a ser un jugador político hábil a pesar de sus dificultades para ganar elecciones, está dando muestras de perder el control de la agenda nacional. Los resultados de las encuestas de popularidad no son casuales. El país siente que el Presidente está fallando en este y en muchos otros temas así la realidad no sea tan grave como se percibe. En La Habana hay optimismo con el futuro de las negociaciones y el deterioro de la seguridad no es tan extremo como el uribismo lo quiere presentar.Pero lo más grave para el Presidente está por venir. Santos pareciera estar llegando a una situación en que su única carta para la reelección es un proceso de paz exitoso o una ruptura radical con las Farc. Ojalá los apremios no lo lleven a decisiones equivocadas.

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