El auge del no

Agosto 13, 2016 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

Lo que parecía improbable se hace real. Las últimas encuestas muestran que gana el ‘no’. La noticia es preocupante porque hay buenas razones para apostar por una refrendación de los acuerdos. Más allá de los sapos que haya que tragarse y de los riesgos que pueda haber es importante pasar la página. Sería el final de la última organización armada con capacidad real de amenazar el Estado central. El ELN, las Bacrim y el resto de mafias que queden serán un asunto focalizado en regiones periféricas, muy vulnerable a la Fuerza Pública que libere el fin de la confrontación con las Farc. Eso solo hace que la paz valga la pena.¿Por qué entonces una causa tan conveniente para el país no goza de la suficiente aceptación de la sociedad? Se mezclan muchos factores, desde la torpeza del Gobierno y de las Farc hasta la habilidad de Álvaro Uribe. Vamos por partes.El gran error de Santos ha sido desde que comenzó el proceso su incapacidad para venderlo. No ha podido construir una estrategia que ilusione a los colombianos. Le queda grande algo tan simple como convencer a la gente que moralmente es inadmisible asumir otros cientos de miles de víctimas para aniquilar a las Farc y que ya hoy, con el cese bilateral, hay un gran avance en la reducción de la violencia y el miedo en las regiones. Sorprende que su estrategia mediática no se haya concentrado en la impresionante reducción de la violencia, que ha alcanzado niveles similares a los de antes del inicio del conflicto.Por el contrario, Santos ha optado por dar bandazos a la espera que con alguno le suene la flauta. Ha dicho que si no se firma la paz habrá que subir los impuestos, que vendrá el terrorismo urbano y otras tantas salidas que lo único que muestran es a un presidente débil en la negociación, desesperado por su impopularidad y sin argumentos para convencer a los votantes.Si eso fuera poco, las Farc con su estrategia de negociación se han encargado de hacer que la gente rechace los acuerdos. Al no considerar que tanta legitimidad tiene lo que piden –cero tiempo en prisión, una decena de curules, etc.- y cómo lo piden –exigiendo sin considerar el perdón y la reparación-, la sociedad ha alimentado una enorme desconfianza hacia el proceso. Además, las Farc han querido aprovechar la impopularidad de Santos para doblar sus apuestas en la mesa sin reparar en que esa impopularidad pone en riesgo la refrendación de los acuerdos.Uribe, por su parte, lo único que ha tenido que hacer es unir las piezas. Aprovechó que fueran las propias Farc las que desmintieran a Santos cuando dijo que si no se firma la paz la guerra llegará hasta las ciudades. Al ratificar que seguirían en la búsqueda de la paz así se perdiera el plebiscito, Uribe pudo vender la idea que el ‘no’ no es un sí a la guerra sino a una renegociación de los acuerdos. La gente siente ahora que si vota negativamente no es el acabose sino un mejor trato, sin tantas concesiones en temas sensibles como la justicia, la reparación y la participación política.La situación es tan crítica que para frenar el auge del ‘no’ será necesario que el Gobierno se pare en la raya en la última fase de la negociación y minimice el número de curules directas para la guerrilla, una concesión que tiene un impacto simbólico muy fuerte en la opinión pública. Las Farc deben entender que si no aceptan esas condiciones el proceso en su conjunto estaría en riesgo.Sigue en Twitter @gusduncan

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