Dos opciones

Noviembre 29, 2014 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

En muchas zonas de la periferia colombiana las Farc han sido el principal riesgo a una libre competencia democrática. Desde amenazas a la población para que no ejerzan su derecho al voto hasta el exterminio de agrupaciones políticas como los Turbay Cote en Caquetá y los Esperanzados en Urabá son la clara demostración del daño que las Farc han causado a la democracia. La ironía es que luego de una eventual negociación las Farc pueden convertirse en la principal víctima de todo el legado de uso de la violencia política que implantaron en estas regiones o, aún peor, en el equivalente de los parapolíticos del lugar.Hasta ahora sabemos que uno de los objetivos centrales de las Farc en la negociación es preservar el control político allí donde históricamente ha sido la autoridad por la fuerza. El problema es que luego de una eventual desmovilización se supone que deberán hacer política sin armas, en las mismas condiciones de inseguridad de las agrupaciones que ellos amenazaban.El fin de las Farc como guerrilla no significa necesariamente el final de los ejércitos irregulares que ejercen como autoridad en las zonas periféricas. Las Bacrim tendrán una oportunidad única para acceder a estos territorios y controlar las rentas de economías como la coca y la minería que sostienen los mercados locales. Algo similar va a ocurrir con los mismos mandos medios de las Farc que no encuentren mayor atractivo a renunciar al poder que actualmente disfrutan, que no tengan formación ni habilidades para participar en la política legal y que estén tentados a acumular los recursos de las economías ilegales que antes debían transferir al secretariado.Estas nuevas organizaciones, sean Bacrines o Farcrines, necesitarán intervenir en la política local para garantizar la protección de las autoridades estatales a las economías criminales. Eso sin mencionar el papel que puede jugar la captura de las rentas públicas como una economía criminal per se. En otras palabras, no podrán ser pasivas en relación a las aspiraciones políticas de las Farc.¿Cuál será la reacción de las Farc? Por un lado tienen la opción de negociar con los nuevos grupos armados y convertir los recursos y la violencia de las economías criminales en acumulación de poder político. Por otro lado tienen la opción de irse en contra de las aspiraciones de poder de los grupos armados de la mano de las agencias de seguridad del Estado.En el primer caso, las Farc pasarán a actuar como cualquier miembro de la clase política que negocia y actúa de manera coordinada con organizaciones criminales, tal cual como lo hicieron los políticos del proceso 8000 y los parapolíticos. Continuarán siendo un riesgo a la democracia, solo que desde la otra orilla.En el segundo caso, los candidatos y activistas ligados al partido de las Farc pasarán a convertirse en víctimas potenciales de los grupos criminales y de sus aliados en la clase política. Su suerte dependerá, de nuevo la ironía, de la protección que les brinden las fuerzas de seguridad estatales. Y, como ocurrió con la UP, será un pulso de fuerza contra fuerzas locales que estarán en contra de las aspiraciones del partido de las Farc porque verán afectados sus intereses económicos y políticos primordiales.En caso de firmarse un acuerdo, por consiguiente, muchas sociedades regionales se debatirán entre dos grandes modalidades de riesgos a la democracia.

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