Dos asuntos

Mayo 31, 2014 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

A medida que Zuluaga apunta como un aspirante serio a la Presidencia las columnas de opinión y las redes sociales reverberan con mensajes alarmistas sobre las consecuencias que podría traer una eventual victoria suya. La mayoría rayan en lo caricaturesco cuando comparan el regreso del uribismo con la llegada al poder del fascismo.Poco ayudan además ciertas salidas en falso de ciertos asesores de Zuluaga. La Cabal volvió a hacer de las suyas en twitter al amenazar al comunismo ateo. José Obdulio habló sobre un juicio político criminal el 7 de agosto. Fueron comentarios innecesarios.De seguro una presidencia de Zuluaga significará el regreso de la agenda conservadora. Se rechazará el aborto, el matrimonio homosexual, entre otros tantos temas sensibles para a la derecha criolla. También volverá el lenguaje hostil contra la oposición. Pero no será un gobierno basado en camisas pardas ni en paramilitares. Los parapolíticos de siempre que hoy están con Santos darán otro giro de 180 grados para volver con Uribe, con la diferencia que al día de hoy no son parapolíticos en un sentido estricto. No se puede comparar a las AUC con las Bacrim.Sin embargo, hay dos asuntos sobre los cuales la oposición ideológica del uribismo debería centrar sus preocupaciones en vez de desgastarse en tanto alarmismo inocuo. El primer asunto es el proceso de paz. Es imperdonable que Zuluaga destruya lo avanzado y niegue al país la posibilidad de vivir sin guerrillas.Es cierto que el resultado de las pasadas elecciones es un mensaje contundente para las Farc: las concesiones del gobierno ha realizado son muchas en relación a lo que la gente cree justo. Sobre todo si se considera que en esta ocasión todo el poder de los medios fue puesto a favor del actual proceso. Pero eso no quiere decir que la gente no quiera la paz y mucho menos que un presidente pueda arruinar semejante oportunidad por sus convicciones ideológicas.Zuluaga tiene que saber muy bien que si rompe el proceso por exigir condiciones absurdas a la guerrilla tendrá que afrontar el juicio de la historia. Para evitar traspasar estos límites es muy útil el alarmismo en la opinión y las redes sociales. En esto deberían concentrarse los esfuerzos. De momento el nombramiento de Ramírez y su nueva postura ante el proceso parecen apaciguar un poco el pesimismo sobre el futuro del proceso.El segundo asunto tiene que ver con la estabilidad institucional. La reelección introducida por Uribe significó un profundo desbalance en los equilibrios de poderes. El presidente quedó con demasiado poder sobre el aparato judicial, tanto para atacar a sus contradictores como para evadir la rendición de cuentas. La pelea cazada entre la campaña de Zuluaga y la Fiscalía es precisamente producto de la concentración de poder que goza el presidente para reelegirse. Si tiene cómo elegir al fiscal lo normal es que lo utilice en situaciones apremiantes.Con semejantes precedentes es de esperar que el uribismo esté tentado a desquitarse de la reciente persecución judicial. Ya de por sí es grave que se lo hagan utilizando el aparato judicial. Pero sería nefasto que lo hicieran introduciendo cambios en las reglas del juego. Anular cualquier intento por una asamblea constituyente debe ser la prioridad de la oposición a Zuluaga en la opinión y en las redes sociales en vez de alarmar sobre la llegada de un régimen fascista.

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