Diferencias

Diferencias

Enero 28, 2012 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

Contrario a lo que pregona la izquierda las diferencias entre Uribe y Santos son de fondo y no de forma. Mucho menos son el resultado de rencillas personales como lo sugiere Pachito Santos. Más allá de la propensión a la traición de Juan Manuel Santos hay razones de peso para que Uribe terminara enfrentado con el sucesor que él escogió.Estas diferencias se basan en una visión muy distinta de la sociedad y se expresan en los sectores que soportan sus mandatos. Uribe llegó a la Presidencia con un propósito muy claro: la recuperación de la autoridad del Estado, sobre todo en las regiones, donde más se había visto afectada la seguridad durante el Caguán. Las élites de provincia podían tener muchos defectos -gran parte de ellos derivaban su riqueza de la corrupción y las drogas, estaban aliados con ejércitos privados y su capacidad de gobernar era mediocre-, pero desde hacía una década se estaban jugando el pellejo sin que las elites y sectores de opinión de Bogotá hicieran mucho por ellos. Uribe, quien provenía de las entrañas de este sector, se soportaría en ellos para gobernar. La revancha de las élites de provincia se traduciría en dos nuevas situaciones. Uribe le dio vuelo a la clase política al romper la disciplina partidista que imponía a figuras nacionales con prestigio intelectual pero sin mayor votación. La creación de la U y los nuevos partidos (PIN, ADN y demás) no era más que la ruptura de los políticos profesionales de las regiones con figuras del poder político tradicional. Si antes ya se sentía el quiebre de las disciplinas partidistas ahora la clase política se había independizado de los viejos partidos.Por otro lado, Uribe cazaría una pelea a fondo con sectores definitivos a la hora de gobernar. Las ONG de derechos humanos, la prensa, la tecnocracia y los juristas se convertirían en sus enemigos acérrimos, lo que tendría sus costos. Puede que la arrogancia de los tecnócratas de universidades de elite resulte detestable pero es necesaria para reducir la corrupción y la ineficiencia. Muchos de los recientes escándalos de su gobierno son el resultado del nombramiento de recomendados de la clase política más recalcitrante del país. Es difícil precisar hasta qué punto los choques de Uribe con la sociedad civil derivaron de la necesidad de medidas extremas en momentos como la guerra contra las Farc, la reelección y el proceso con los paras. Lo cierto es que Uribe basó su mandato en las elites económicas, la clase política y el enorme respaldo que le daban los resultados en seguridad y su carisma.Santos, por su parte, sabía que necesitaba del respaldo de la clase política y de Uribe para llegar a la Presidencia. A las elites económicas ya las tenía. Sin embargo, algo faltaba. Santos proviene de la sociedad civil y su poder se origina en ser heredero de una dinastía periodística. Y como tal valora estos sectores así como los nombramientos de figuras con prestigio y sin peso electoral. Para bien o para mal así es como se manejaba la cosa en Bogotá. Apenas llegó a la Presidencia recompuso el soporte de su poder. A diferencia de Uribe empezó por reducir el poder de la clase política y por darle más protagonismo a la sociedad civil. Y esta diferencia no se expresa en cuestiones meramente de estilo. Temas como la reunificación del Partido Liberal, la despolarización del ambiente político y la propiedad de la tierra son hoy asuntos de primer orden en la vida política colombiana. Por algo Uribe se siente traicionado.

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