Democracia sin pluralismo

Democracia sin pluralismo

Septiembre 05, 2015 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

Uno de los argumentados más utilizados por la guerrilla para justificar la insubordinación violenta contra el Estado y las elites ha sido el cierre a la participación política dentro del sistema democrático. Las restricciones propias del Frente Nacional (FN), en que la competencia electoral y los cargos públicos estaban restringidos a los dos partidos tradicionales, han sido de hecho planteadas por diversos investigadores sociales como causas de la irrupción de las Farc, el ELN y el EPL en la década de los 60.Otros autores han debatido que el régimen democrático durante esos años fuera realmente tan cerrado. Sostienen que la izquierda sí tenía medios de participación a través de alianzas con los partidos tradicionales y que en países latinoamericanos donde hubo plena democracia también surgieron guerrillas. Sin embargo, al margen de lo cierto que sea la tesis de cierre del sistema como causa de las guerrillas marxistas, hay un hecho real: existe una justificación al alzamiento en armas en que la democracia en Colombia imponía severas restricciones al pluralismo político.Por eso no deja de causar indignación y perplejidad que la guerrilla, al tiempo que se justifica en este argumento, sea a su vez implacable con cualquier tipo de disidencia dentro de los movimientos sociales o los partidos de izquierda. Para la historia están los numerosos crímenes dentro de sus propias filas. A José Cardona Hoyos, un dirigente comunista, lo asesinaron las Farc por rechazar y denunciar la estrategia de la combinación de todas las formas de lucha. Eso sin mencionar los muertos del Moir, la Anuc, el ELN, etc.Lo más grave es que aún en pleno proceso de paz la represión violenta al pluralismo sigue siendo parte del repertorio político de las Farc. El asesinato reconocido por las propias Farc de Genaro García Luna, un líder afro de Nariño, dice mucho de cómo reprimen cualquier liderazgo civil por fuera de su control o de su agenda de interés. Solo los movimientos y partidos que se ajusten a sus directrices y su estrategia pueden hacer política. No importa que también sean reivindicativos de las condiciones de vida de sectores populares y excluidos.No es el único caso. En Ituango impidieron que se posesionaran en su plaza un grupo de docentes necesarios para cubrir las vacantes en las escuelas de la región. Justificaron la decisión con el argumento que solo podían enseñar docentes aprobados por ellos. En una página afín a las Farc, Anncol, llamaron varias veces a “desescalar” al columnista y profesor universitario Darío Acevedo. Acevedo es reconocido por sus posiciones de derecha, muy cercano al expresidente Uribe. Recientemente ha tenido que padecer agresiones por estudiantes radicales de la Universidad Nacional de Medellín.Los acuerdos parciales ya firmados en La Habana, revelados por ambas partes, muestran que una de las intenciones es crear circunscripciones especiales para el Congreso y nuevas instituciones en Zonas de Reserva Campesina (ZRC). La gran pregunta es si las Farc, ya desmovilizadas, ¿van a tolerar la competencia democrática a estos cargos y al gobierno en las ZRC? En otras palabras, van a tolerar que exista democracia con pluralismo y no van a caer en las regiones en las mismas prácticas que argumentaron como justificación de su alzamiento en armas durante el FN: las restricciones a la participación política.

VER COMENTARIOS
Columnistas